¿Te imaginas poder ver con la lengua? O, ¿crees poder oír con la piel? Para varios neurocientíficos, la respuesta a estas preguntas es sí, es posible.

Paul Bach-y-Rita es el pionero de una tecnología que permite a las personas ciegas o con problemas de la vista tener una experiencia visual a través de otro sentido, como es el tacto o el gusto, proceso que se conoce como sustitución sensorial.

Bach-y-Rita desarrolló en los años 60, un dispositivo que transfería las imágenes de una cámara analógica a través de un conmutador que las convertía en una red de cuatrocientos puntos en escala de grises. Estos puntos de información eran transmitidos a una cuadrícula de pines vibratorios montados en el respaldo de una silla, los cuales vibraban intensamente con los tonos oscuros de la imagen y permanecían quietos con los tonos claros. Esto permitió que las personas que se sentaran en la silla pudieran sentir la imagen en su espalda.

“Después de unas horas de práctica, los seis primeros voluntarios de Bach-y-Rita, todos ciegos de nacimiento, podían distinguir entre líneas rectas y curvas, identificar un teléfono y una taza de café”, explicó Nicola Twilley, en un artículo de The New Yorker.

Bach-y-Rita falleció en el 2006, pero su dispositivo sigue siendo utilizado por muchas personas, sobre todo ahora que sus dimensiones se redujeron considerablemente, como lo demuestra el caso de Erik Weihenmayer, la única persona ciega que ha alcanzado la cima del Monte Everest.

Weinhenmayer padeció retinosis juvenil, un enfermedad que hizo que sus retinas se desintegraran completamente durante su juventud. Debido a que no podía practicar deportes en equipo como los demás miembros de su familia, Erik aprendió a sentir la superficie de la roca con sus manos o con un hacha de hielo y a seguir el sonido de una pequeña campana sostenida por un guía, quien también describe el terreno que hay más adelante.

Pero gracias a BrainPort, el dispositivo creado por Bach-y-Rita, Weinhenmayer ahora puede ver las rutas que pretende escalar con su lengua. BrainPort está compuesto por dos partes: una banda que se coloca en la frente y que es el soporte de una cámara de video, la cual está conectada a través de un cable a una paleta blanca de plástico que se sostiene en la boca. La información de la imagen recibida por la cámara se reduce a una resolución de 400 pixeles que a su vez es transferida a la paleta por medio de 400 electrodos.

“Los pixeles más oscuros provocan una descarga fuerte, mientras que los pixeles más claros apenas se sienten. La visión resultante es una sensación que Weihenmayer describe como imágenes que son pintadas con pequeñas burbujas”, refiere el artículo de The New Yorker.

Vemos con el cerebro, no con los ojos

De acuerdo con la teoría de los periodos críticos del desarrollo cerebral, una persona ciega de nacimiento no podría haber utilizado el BrainPort, debido a que su cerebro nunca aprendió a interpretar la información visual.

 

Pero según el artículo de Nicola Twilley, el cerebro humano adulto es más adaptable de lo que creemos, gracias a un fenómeno llamado plasticidad. “Una nueva generación de neurocientíficos está aprovechando los dispositivos de sustitución sensorial como una valiosa herramienta para examinar el desarrollo y la organización cerebral”, escribió Twilley.

Otro de los dispositivos que funcionan mediante la sustitución sensorial es The vOICe, el cual convierte información visual en auditiva. Con tan sólo la ayuda de un smartphone, este dispositivo le indica a las personas con ceguera o discapacidad visual distintas características de su entorno, por ejemplo, el brillo se relaciona con el volumen y la elevación con el tono.

Lo que este tipo de investigaciones está poniendo en duda es el significado mismo de la acción de ver, de oír y de sentir. Si la visión es todo aquel estímulo que proviene de la recepción de información lumínica, entonces por qué ciertas áreas que los científicos y los médicos sólo relacionaban con los estímulos visuales, como la corteza visual, son activadas por otro tipo de estímulos, como los auditivos en el caso de The vOICe.

“Aunque el procesamiento inicial de los paisajes sonoros de The vOICe ocurrió en la corteza auditiva, las tareas subsiguientes, tales como la identificación de objetos, ocurrieron en las mismas regiones del cerebro que las personas con visión”, comentó Twilley.

David Eagleman es otro de los neurocientíficos que están desafiando las concepciones tradicionales sobre la forma en la que vemos, escuchamos y sentimos lo que nos rodea. De acuerdo con Eagleman, gracias a su plasticidad, el cerebro humano es capaz de alojar sentidos completamente nuevos.

Eagleman desarrolló un dispositivo para las personas sordas o con alguna deficiencia auditiva que transfiere la cóclea al torso del usuario. Llamado VEST (Versatile Extra-Sensory Transducer, el cual estará disponible en el 2018, se trata de un chaleco con 32 motores vibratorios, los cuales están conectados a una aplicación digital, “que traduce las frecuencias de sonido en estímulos táctiles”.

Pero la ambición de Eagleman no termina ahí. El investigador está interesado en las sensaciones aumentadas y en la aparición de tres o cuatro sentidos para el ser humano. “Creo que el cerebro no tendrá problemas con esto”, le dijo Eagleman a Twilley.

 

 

 

Texto publicado originalmente en: El Economista