En los últimos tiempos ha aparecido como un factor importante  la violencia, maltrato y abuso físico y sexual

Por: Diego Armando Cuautle

Hasta 2015, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Puebla registró una tasa de suicidio infantil de 3.4 por cada 100 mil habitantes en varones de 10 a 17 años. Gran parte de estos se deben a que la mayoría de ellos fueron, en algún punto, víctimas de acoso y burlas principalmente por su compañeros de escuela.

 

Al respecto, Alicia Moreno Salazar, profesora de la Facultad de Psicología de la BUAP explicó que en los últimos años ha aparecido un factor importante que es la violencia, el maltrato y abuso físico y sexual, lo que puede motivar que surjan las ideas e intentos suicidas.

Explicó que comúnmente, en los casos de suicidios, suelen ingerir medicamentos o líquidos para limpieza aunque también utilizan otras formas más violentas y efectivas como el ahorcamiento o aventarse de lugares altos como puentes o casas, incluso en algunos casos desde sus propias escuelas.

“Es difícil pensar en este tema, sobretodo porque cuando decimos niño, lo asociamos al bienestar inherente al juego o a la alegría, y nadie se imagina que este pequeño pudiera quitarse la vida”, comentó.

Otros factores importantes, aunque parezcan triviales, son por ejemplo, los problemas de aprendizaje, ya que el tener malas notas en la escuela y habiendo reglas estrictas en el hogar, el niño o la niña por temor al regaño o castigo puede tomar decisiones desfavorables.

Agregó que también está la exposición a los medios de comunicación ya que cuando ve que personas y sobretodo dibujos animados, se golpean o hasta tienen accidentes mortales y de pronto aparecen como si nada, puede desear repetir estas acciones pensando que tampoco le sucederá nada. Por ello es importante que los padres vigilen lo que ven sus hijos.

“Tenemos que ver que los niños también ven como opción de alivio el morir, porque sienten que el mundo no es seguro para ellos”, advirtió la investigadora del área clínica de la Facultad de Psicología.

Destacó que entre los indicios más notorios que presenta, está el dejar de jugar, porque el juego en los menores más que ser su actividad principal, es su manera de expresarse aún por encima del lenguaje, “esto nos puede alertar de que las cosas no andan bien”.

Asimismo, cuando está triste, se aísla y presenta un cambio brusco en su comportamiento, de ser pasivos a inquietos y viceversa; cuando empiezan a regalar sus cosas o a despedirse de todos, volviéndose cariñosos, todo esto muestra que algo está sucediendo.

Finalmente dijo que otro tipo de evidencia puede estar en los dibujos que hacen o bien en las frases que expresan como no quiero estar aquí, ya no quiero vivir aquí, me quiero dormir y no despertar, si yo no estuviera aquí, si yo no hubiera nacido habría tantos problemas, o me quiero morir y así ya se acaban todos los problemas, así ya no escucho a mis papás pelear; entre otras.