Por: Felipe Flores Núñez.

Usted, apreciado lector, ¿es feliz? ¿Existe la felicidad o es una utopía, como sostuvo siempre el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud? ¿Qué es la felicidad? Aristóteles la definía como “el significado y el propósito de la vida, todo el objetivo y el fin de la existencia humana”. Es sabido que la felicidad es un estado emocional, una sensación de bienestar y realización que se alcanza cuando se consuman metas, deseos y propósitos. También es cierto que es una condición subjetiva, relativa y de apreciación personal. Hay quienes son felices con la sonrisa de un niño, o con un atardecer. Y lo hay también quienes aun teniéndolo todo, transitan toda su vida sin un sólo sesgo de felicidad. Sirvan estas reflexiones para comentar la iniciativa que hace días surgió en Dubái, con motivo de la VI Cumbre Gobierno Mundial, auspiciada por el Jeque Mohammed Rashid Al Maktoum, vicepresidente y primer ministro de Emiratos Árabes Unidos. En ese evento se suscribió la constitución de la Coalición por la Felicidad, “una iniciativa pionera que pretende dar pasos concretos para trasladar a la política pú- blica acciones relacionadas directamente con el bienestar social y ciudadano”. A ese proyecto se sumó ya el gobierno de México, junto con los de Costa Rica, Portugal, Eslovenia y Kazajistán. Paulina Terrazas, Jefa de la Unidad de Proyectos Especiales de la Presidencia de la República, quien representó a México, explicó que “de lo que se trata es de comenzar a repensar en la felicidad como uno de los objetivos del Gobierno, aunque el término felicidad, puede ser aún Por: Felipe Flores Núñez Soliloquio Ser feliz hoy muy controvertido”.

El compromiso es “ discutir y a debatir el asunto de la felicidad con toda la seriedad del Gobierno y, más allá de la teoría, a dar pasos concretos (…) para que esa teoría incida en la política pública”. Francisco Chacón, representante de Costa Rica, país con alto rango de satisfacción ciudadana, dijo que el nacimiento de la Coalición por la Felicidad es “un acuerdo de cooperación entre los países identificados como los más felices o con mayor grado de satisfacción global de la felicidad”. ¿Es posible hacer feliz a una población mediante políticas públicas? Todo indica que sí, incluso hay teorías que lo sustentan, siempre y cuando sea posible generar bienestar social, lo que eleva la calidad de vida de los habitantes. En Bután, pequeño país del sur de Asia con poco menos de un millón de habitantes, se cree que el gobierno no debe tener otra misión que no sea hacer todo lo posible para que sus ciudadanos sean felices, incluso así lo establece su Constitución. El gobierno de Bután oficialmente no considera el PIB como el criterio principal de desarrollo económico y la única forma de medir la prosperidad, sino que utiliza el índice de la felicidad interior bruta (FIB). Y en su medición, se basa en decenas de factores de nueve campos, entre los que incluyen la salud, educación, diversidad ecológica, un buen gobierno, bienestar psicológico y uso adecuado del tiempo. Allá lo han logrado: más del 97% de la población dice ser feliz, incluso más de mitad de la población manifestó ser “muy feliz”. La felicidad nacional bruta por encima de todo y promovida desde el gobierno. Bajo esa premisa, Aristóteles tenía razón. La felicidad debiera ser nuestro único fin.