El sábado último se apagó la vida del pundonoroso ex futbolista y polémico entrenador uruguayo Carlos Miloc Pelachi (Montevideo, 1932). Mejor conocido como “El Tanque” debido a su corpulencia, se desempeñó como interior –léxico de la época– y poseía un temible remate de larga distancia. A México llegó desde Colombia en 1957 para incorporarse al Morelia, y luego pasaría al Irapuato.

Por: Horacio Reiba

En su primer año, el colegio de árbitros lo nombró “el futbolista más caballeroso del torneo”. La mordaz locuacidad que le dio fama se revelaría durante su fase de director técnico y eventual opinador en medios.

De entonces datan frases como “el América se puede dirigir por teléfono”, “Jorge Vergara no sabe un carajo de futbol” o “Carlos Reinoso es una rata farsante”. Últimamente tuvo también expresiones de desprecio hacia la Femexfut y el Consejo de Dueños, que “solo van al negocio y están acabando con el futbol mexicano”. Y no se ahorró reproches para el Tri y su política extranjerizante.

Ni dejó de criticar la tendencia de los futbolistas a “tatuajes, aretitos y actitudes poco viriles. Esto es cosa de hombres, carajo”. Ése era Miloc.

Pero también fue un entrenador seguido y querido por sus dirigidos, que sabía inyectar garra y pasión incluso a escuadras tan atildadas como el primer Tigres que dirigió (1977–78), y que contaba con gente como Tomás Boy –el jefe de un mediocampo particularmente creativo y tocador– o el extremo peruano Jerónimo Barbadillo, un regalo para la vista y el paladar del buen aficionado.

Aunque llegó a dirigir al Guadalajara y al América, con nadie se identificó como con Tigres, al que hizo campeón –de liga completa, no minitorneos– las dos veces que recaló por ahí: en el 77–78 venciendo a Pumas (2–0 en “el Volcán” y empate a uno en CU), los tres tantos obra del también charrúa Walter Daniel Mantegazza; y en 1981–82 tras enfrentar en la final al Atlante, que patrocinado por el IMSS contaba con un trabuco donde descollaban el eatón Ayala, el histórico goleador polaco Gregorsz Lato y el gran Cabinho, un ataque que era dinamita pura; pero Miloc se las arregló para ganar 2–1 en la Sultana e insuflar de fe y coraje a los suyos en el desempate por penales del Azteca (06.06.82), previo triunfo atlantista con anotación solitaria de Cabinho, el único azulgrana que más tarde acertó desde los 11 metros a cambio de las certeras ejecuciones de Orduña, Barbadillo y el brasileño Goncálves que decidieron el título.

Aquí en Puebla tuve ocasión de charlar con un Miloc muy correcto pero inocultablemente apasionado cuando nos visitó al frente de las Cobras de Ciudad Juárez. Ya había ocurrido el “suceso” por el que fue separado de la DT del América: en la final Interamericana del año anterior, si bien las Águilas vencieron al Olimpia de Asunción, campeón de la Libertadores (empate allá y 2–1 en el DF), se armó gran trifulca en el Azteca que Miloc no puso contenerse, invadió la cancha y participó en el reparto de catorrazos, que terminó con el Tanque uruguayo derribado en medio de un remolino de inaudita violencia.

Lo despidieron. Y luego de entrenar algunos equipos menores se retiró a disfrutar de su familia a Monterrey, donde el sábado último lo sorprendería la muerte.

De mi archivo personal. El sábado, mientras el Veracruz perdía por la mínima en Pachuca, el Morelia visitó a los extraviados Tigres del Tuca y les arrancó un puntito en “el Volcán”, con lo que redujo a dos la distancia que lo separa del Tiburón. Miloc solía decir –lo recuerdo de aquella breve charla– que sus equipos eran el Nacional de Montevideo, los Tigres y el Morelia “porque fue quien me trajo a México y allí nacieron mis hijas”. Una de ellas, Sayonara, casada con el arquero del Puebla y posterior preparador de porteros Alberto Aguilar.

Mi primer recuerdo de Carlos Miloc data precisamente de una visita dominical a CU de su Morelia –modesto plantel cuyos jugadores eje eran “Perico” González, “Cuadros” Martínez y, desde luego, “El Tanque” Miloc. Su adversario era el Nacaxa, con fama de caganchesco –referencia a Cagancho, famoso torero gitano que lo mismo salía de la plaza aclamado y bajo palio que a cojinazos y escoltado por la Policía–, y en el papel muy superior a los Ates, como se conocía entonces a los morelianos, de camiseta canario y pantalón azul marino aquel mediodía.

Los necaxistas pusieron sobre la grama su alineación de lujo, con Jorge Morelos en el arco, en el centro de la zaga el mundialista argentino Dellacha –“don Pedro del hacha”, le decían– y un ataque temible, de tintes artísticos, que yo recitaba de memoria –Fal, Evaristo, Noriega, Ortiz y Peniche. Pero Tello, el arquero michoacano, estuvo sublime, y su inspiración alcanzó al resto del equipo, que se llevó de regreso a casa un 1–3 que era oxígeno puro en su lucha por no descender. Ese día, Miloc marcó un gol de 30 metros justo cuando más apretaba el Necaxa. Parece que vuelvo a verlo, armándose para soltar aquel escopetazo brutal desde fuera del área.

¿Cuál misterio? El problema del Cruz Azul es claro como agua de manantial, por más que a la nube de comentaristas que copan canales y frecuencias se les haya vuelto ciencia, entremezclada de conjuros mágicos. Lo que sucede es que no hay allí nadie capaz de empujar la pelotita entre los tres palos, y simultáneamente el DT adelantó tanto al cuadro que los de atrás quedan tan expuestos que hasta Chuy Corona parece a veces conejo lampareado. Por eso el América, que cuenta con Oribe Peralta, volvió a derrotarlos el sábado con dos goles del norteño. Y ya Jémez no sabe dónde meterse.

Lo cierto es que la directiva cementera –famosa por sus despistes–, en vez de reforzar su ataque con un “9” de verdad decidió importar un técnico con tendencia al juego “ofensivo y de toque” –aunque de poco le sirviera para impedir el descenso del Rayo Vallecano– y trajo, como presunto goleador, al uruguayo Cauteruccio, un cartucho quemado que cualquier observador no muy distraído tenía identificado como eterno suplente en equipos segundones durante las últimas 10 o 12 ediciones de la Copa Libertadores. Con semejante bagaje, el Cruz Azul podrá aspirar a dominar el juego lateral más aburrido de México, pero nada más. De ocho partidos ha ganado uno y tiene seis puntos.

Lo único bueno de todo esto es que el Puebla, con su victoria de ayer en Toluca –¡1–3, con goles de Míguez (23’), Amione (42´) y Paco Torres (80’)!– ha rebasado ya a los cementeros en la tabla del descenso (114 vs 113), y van quedando lejos Veracruz (105) y Morelia (103), con Jaguares (107) en calidad de sándwich.

Europa de noche. ¿O no juega la Champions exclusivamente en horario nocturno? Además, los octavos de final se siguen caracterizando por la abundancia de anotaciones. Ocho en Manchester, donde el City hizo pagar caro al Mónaco el desperdicio de una ventaja de dos goles y el errático lanzamiento de un penalti para voltear la tortilla con un 5–3 de alarido. Y seis más en Leverkusen, donde el Atlético de Madrid dio cuenta y fe del mal momento de las aspirinas que, con todo y un Chicharito sin cañón ni pólvora, arramblaron con un 2–4 que les deja imposible la visita al Calderón y la eliminatoria.

La otra escuadra española, el Sevilla, venció al Leicester City en el Sánchez Puizjuán, pero esa llave sigue en el aire, pues a pesar de haber sido mejor que el decaído monarca inglés no pasó del 2–1, por lo que a los británicos les bastaría un 1–0 en la vuelta para calificar. Sarabia y Correa –que falló un penalti– habían adelantado al local y el Sevilla dominaba cuando, por aflojar, Vardy convirtió casi al final un gol que puede serles muy valioso.

Layún en acción. No fue Javier Hernández el único “azteca” desafortunado de la semana. El Porto recibía a la Juventus y se quedó pronto con diez por expulsión del lateral Alex Telles. Nuno, el DT, metió entonces a Miguel Layún para reforzar esa zona, sin sospechar el protagonismo –de signo negativo– que el veracruzano había de alcanzar. El Porto se defendía con gallardía cuando Miguel atropelló en el área un pase de Dybala y la dejó servida para el fusilamiento del croata MRKO Pjaca (72’); por si fuera poco, dos minutos después descuidó el marcaje de Dani Alves y el brasileño la embocó a bocajarro para un 0–2 que deja virtualmente resuelta la eliminatoria.

El otro cuadro portugués, Benfica, necesitó de mucha suerte para vencer por la mínima al Borussia Dortmund jugando en Lisboa (gol del griego Mitroglou a los 51’). Los alemanes generaron más juego y se ven más fuertes como para darle vuelta al resultado.

¿No que muy exportadores? Italia dejó el catenaccio, pero lo que perdió en eficacia lo está ganando en emoción. Dígalo si no el partidazo de ida y vuelta que dieron ayer Inter y Roma en el estadio Meazza (1–3 para la Loba), en el cual, por cierto, fueron protagonistas el belga Nainggolan (anotó dos), el egipcio Salah (Roma), el chileno Medel y el colombiano Murillo (interistas). El único mexicano en Italia, Carlos Salcedo, es posible que juegue hoy con la Fiorentina, que recibe al Torino. Sólo posible, porque habitualmente no es titular.

 

 

Texto publicado originalmente en: La Jornada de Oriente