A casi un año de que el mundo tuviera conocimiento de él, este sistema solar sigue dando de qué hablar

Por: Ignacio Badillo

El sistema solar Trappist, encontrado a 39.5 años luz de la Tierra -y ubicado en la constelación de Acuario-, ha arrojado nuevos datos acerca de su fascinante interior. Este sistema, formado por una enana roja (sol) y siete planetas, fue descubierto por completo en marzo de 2017, desde entonces, cientos de telescopios y astrólogos han dedicado un sinfín de recursos para conocer más detalles.

Lo que hace tan especial a Trappist es que los siete planetas que orbitan a Trappist 1-a (su sol) son rocosos -lo que significa que son “similares a la Tierra”, por lo cual, son considerados los planetas más parecidos a la Tierra encontrados en grupo. Otro de los datos sorprendentes acerca de este sistema es que todos los planetas pueden o pudieron haber tenido un cinco por ciento de agua respecto de su masa total, lo cual es más que en la Tierra, se menciona que “pudieron haber tenido agua” porque todos los planetas orbitan muy cerca al Sol, mismo que, a pesar de sólo tener el 10% de la masa de nuestro Sol, emana cantidades de radiación sumamente potentes para la distancia a la que se encuentran los planetas, por lo que, si éstos no cuentan con una atmósfera y un campo magnético lo suficientemente fuertes, puede que todo rastro de vida haya quedado minimizado hasta lo imposible.

A pesar de lo anterior, no todo es malo, porque, de acuerdo con estudios recientes se ha demostrado que cinco de los siete planetas no presentan helio en su atmósfera, por lo que son más parecidos a los de la Tierra o Marte, lo cual es un indicio de que podrían albergar vida en su interior.

Otro de los temas que ha generado gran interés por parte de toda la comunidad científica y astronómica, es que los siete planetas de Trappist se encuentran a muy corta distancia uno de otro, por lo que, en caso de que se pudiese habitar en alguno, se podría ver a los demás planetas con un tamaño aproximadamente dos veces más grande de como apreciamos la Luna en la Tierra. Dicha cercanía también traería cosas no muy buenas, la corta distancia entre los planetas propiciaría que todos tuvieran una gran actividad volcánica y, en caso de que sí exista agua, habría olas descomunales, muchas veces superior respecto a los peores tsunamis y maremotos en la Tierra,

Un fenómeno que ocasionaría la cercanía antes mencionada es que todos los planetas tuvieran ‘acoplamiento de marea’, fenómeno presente en nuestra Luna, el cual consiste en que sólo muestran una cara y la otra permanece oculta en la obscuridad, por lo que, en una cara sería siempre de día y en la otra, de noche.

Otro dato bastante impresionante de dicha cercanía es que los planetas completan su órbita (una vuelta al Sol) en periodos muy cortos de tiempo, siendo Trappist 1-b (el primero de los planetas), el que menos tarde, haciéndolo en 1.5 días terrestres (36 horas); y Trappist 1-h (el último del grupo planetario), completaría su órbita en poco más de tres semanas; siendo que esto equivale a los 365 días que componen un año en nuestro planeta.

En los últimos meses, se ha prestado principal atención a Trappist 1-e (4° planeta de dicho sistema) por mostrar una densidad ligeramente superior a la de nuestro planeta, esto sugiere que podría tener un núcleo de hierro muy parecido al de la Tierra, y, por ende, un campo magnético y una atmósfera idónea para la creación y preservación de la vida tal y como la conocemos actualmente.

Cabe resaltar que, el tiempo que demoraríamos, con la tecnología actual, sería de 1.5 millones de años, por lo que, de momento, sólo se podrá investigar a Trappist desde los telescopios ubicados en la Tierra y en la órbita de la misma. Dicho sea de paso, en octubre se lanzará un nuevo telescopio con la mejor tecnología en espectroscopía, por lo que podrá proporcionar datos acerca del contenido de los planetas y posibles rastros de vida. No será hasta el décimo mes del presente año que podamos confirmar la existencia de vida en dichos planetas y podremos considerarlos como potencialmente habitables por los humanos; sin embargo, a pesar de poder considerarlos habitables por nosotros, aún falta hallar un método que nos permita viajar hasta dicho sistema en un periodo de tiempo mucho menor.