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La agenda medioambiental del Partido Demócrata en Estados Unidos ha procurado permanecer a la vanguardia del mundo. Dotado de una visión globalista, el plan de los 2 billones de dólares de Joe Biden pretende hacerle frente al cambio climático en su país; sin embargo, el Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), vincula agendas entre estos países y no está demás señalar que uno de las áreas de oportunidad de la 4T está en el medio ambiente.

En el Capítulo 24 del T-MEC, dedicado al medio ambiente, se estipula que “los tres países que forman el Tratado reconocen la problemática ambiental actual y la importancia de conservar, proteger y mejorar el medio ambiente, así como el uso y manejo sustentable de los recursos naturales, ya sean suelos, bosques, mares, fauna y flora, entre otros recursos dentro de sus territorios”.

Para atender este tema, el mismo tratado delimita que los países deben contar con procedimientos apropiados para la evaluación del impacto ambiental de los proyectos que proponga el nivel central de gobierno y buscarán la protección de la capa de ozono, cuidar la calidad del aire y vigilarán la responsabilidad social corporativa y conducta empresarial responsable.

Aunado a esto, se contempla la biodiversidad responsable, por lo cual se mantendrá vigilancia a las especies tanto de flora y fauna que se consideren exóticas invasoras, conservación, gestión forestal, bienes y servicios ambientales y un amplio espectro que se puede consultar en la página del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA).

En particular, las fracciones 9 y 11 hacen inferencia en la polución que va al aire y puede estar relacionada con las actividades de Petróleos Mexicanos (Pemex).

“Art. 24.9 Protección de la Capa de Ozono. Cada país tomará medidas para controlar la producción, consumo y comercio de sustancias que agoten y modifiquen la capa de ozono, derivado de los daños que causan sobre la salud humana y el medio ambiente.

“24.11 Calidad del Aire. Las Partes del tratado deberán reducir la contaminación del aire nacional y transfronterizo y controlar sus contaminantes, incluyendo aquellos que se transportan largas distancias”.

Por el otro lado, el proyecto de Biden destina USD 2 billones durante los cuatro años de su administración para implementarlos en energía limpia en los sectores de transporte, electricidad y construcción.

“De acuerdo con una nota del The New York Times, este proyecto también ayudará a la reactivación económica de EEUU en la etapa post Covid-19. “Sé que enfrentar el desafío sería una oportunidad única en la vida para dar nueva vida a nuestra economía, fortalecer nuestro liderazgo global y proteger nuestro planeta para las generaciones futuras […] Si tengo el honor de ser elegido presidente, no sólo vamos a hacer pequeños retoques. Vamos a hacer inversiones históricas que aprovecharán la oportunidad, cumplirán este momento de la historia”, dijo Joe Biden durante su campaña rumbo a la presidencia de Estados Unidos.

Esta agenda se podría contraponerse a la administración de Andrés Manuel López Obrador que, junto con Rocío Nahle, titular de la Secretaría de Energía (Sener), han apostado por el incremento a la producción de combustibles fósiles; sin embargo, el Estado mexicano tiene un margen de maniobra amplio si se le compara con la polución que genera EEUU.

Aún con esto en cuenta, el gobierno de la 4T ha sido criticado por compañías del sector energético en el ramo renovable, tal es el caso de Iberdrola, quien fue acusada por la Comisión Federal de Energía (CFE) de no cumplir con contratos de electricidad de hasta 10,000 millones de pesos.

Otro ejemplo es cuando AMLO manifestó su apoyo a las empresas productoras del Estado por encima de las extranjeras.

“Es un buen asunto, es un buen debate el que se está iniciando sobre este tema, incluso legisladores de Estados Unidos, que están apoyando a las empresas particulares, dicen que el gobierno de México está fortaleciendo a la Comisión Federal de Electricidad; pues claro que sí, ¿ni modo que vamos a ofrecer a Iberdrola? Como era antes”, declaró López Obrador durante la conferencia de prensa del 26 de octubre.

Sin la estridencia de Donald Trump, el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, presionará a México para que cumpla con la “letra fina” del tratado de libre comercio T-MEC en los sectores laboral, energético y agrícola, advierten analistas.

México y Canadá fueron empujados por Trump a renegociar el TLCAN, el acuerdo comercial de 1994 que tras duras negociaciones se convirtió en el T-MEC, en vigor desde junio pasado.

Trump consideraba el TLCAN como el peor acuerdo comercial y amenazó a México con imponer aranceles a sus exportaciones si no detenía una oleada de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos.

Una ruptura del tratado hubiera sido demoledora para la economía mexicana -que este año se podría contraer 9.3%-, al ser Estados Unidos el destino de más de 80% de sus ventas externas.

Para el banco español BBVA, la victoria del candidato demócrata despeja nubarrones en el flujo comercial de los tres países, que en 2019 alcanzó 1.2 billones de dólares.

Biden “cree más en las cadenas de valor de la región, apoyó el tratado de libre comercio original y el actual. Pensaríamos que está más comprometido con esta visión”, señaló en un análisis Carlos Ramos, economista en jefe de BBVA México.

Litigios

El explosivo estilo de Trump, coinciden analistas, será suplido por una discreta pero incisiva vigilancia de la denominada “letra fina” del T-MEC.

“Es muy claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador no comparte las agendas políticas de los demócratas y esto llevará a permanentes desencuentros, principalmente en lo energético y lo laboral”, anticipó Miguel Ángel Jiménez, del privado Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales.

Jiménez descarta no obstante que Biden busque renegociar el T-MEC, porque la voz de los demócratas estadounidenses “ya fue escuchada e incluida”.

Kenneth Smith, ex jefe negociador mexicano del acuerdo, anticipa que los primeros diferendos podrían surgir de presiones para investigar las exportaciones de arándanos, fresas y pimiento, que México, por su clima, cultiva todo el año para desventaja de Estados Unidos.

Smith ve también alertas en el sector energético, pues mientras Biden es partidario de las energías limpias, con López Obrador las empresas estatales mexicanas regresan a las fósiles, afectando a inversionistas privados locales y extranjeros.

“Favorecer a las empresas del Estado por encima de aquellas privadas que generan energía eólica y solar puede ser sujeto de un litigio dentro del T-MEC. México tendrá que proceder con cuidado”, advirtió Smith.

 

Supervisión laboral

 

Para Jiménez, el T-MEC es lo mismo que el TLCAN salvo que se convirtieron en obligatorios compromisos que antes eran prácticamente voluntarios

Los demócratas, explicó, “condicionaron su aprobación a la inclusión de una previsión en el tema laboral, porque en Estados Unidos existe la percepción” de que en México se favorece a los exportadores a costa de los derechos de los trabajadores.

México aprobó la reforma laboral exigida y aceptó que su implementación sea supervisada por delegados estadounidenses.

“Por la pandemia de covid-19, México no ha implementado esta reforma. Trump no ha dicho nada, pero con Biden podría ser un punto de desencuentro”, señaló.

Está además el compromiso de alcanzar una convergencia salarial en la dinámica industria automotriz, pues para Canadá y Estados Unidos es imposible competir con los bajos sueldos en México.

La relación que tendrá Biden con López Obrador es una incógnita, puesto que el mexicano tiene gran química con Trump y ha declinado felicitar al demócrata a la espera de que se resuelvan los reclamos de supuesto fraude.

Para Jiménez, esto será “anecdótico”, mientras que Smith consideró que México desaprovecha la oportunidad de contribuir a que Biden restablezca los puentes con la comunidad internacional que Trump destruyó.

Operación cicatriz

 

Una vez que Joe Biden sea confirmado como el nuevo presidente de Estados Unidos (en enero), el gobierno mexicano deberá implementar una “operación cicatriz” y mejorar su relación con los demócratas, advirtió Cristina Rosas González, internacionalista de Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

la investigadora aseveró que México le ha hecho dos “desplantes” al Partido Demócrata. El primero de ellos cuando el 31 de agosto de 2016, en el sexenio de Enrique Peña Nieto, se invitó a Donald Trump a una reunión cuando todavía era candidato presidencial por los republicanos.

El segundo se dio cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador visitó la Casa Blanca en julio de este año por motivo del T-MEC, y no se reunió con representantes demócratas o con el equipo de Biden; lo cual fue considerado como un respaldo a la campaña de Trump, puesto que el proceso electoral estaba cerca.

“Los demócratas están dolidos, eso políticamente cuesta”, agregó la especialista en temas internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (SCPS).

De acuerdo con las cifras de diversas cadenas de medios de EU, Biden fue declarado ganador en las elecciones de Estados Unidos.

La académica alertó que si Joe Biden llega a la presidencia de EU, su relación con México será mas institucional, algo contrario a lo que López Obrador y Trump han realizado durante sus gestiones, como las cartas o llamadas telefónicas.

En ese sentido, abundó que Estados Unidos podría fortalecer más sus relaciones con Canadá por la afinidad en la manera de hacer política, así como por su agenda en materia de energías limpias.

A pesar de ello, apuntó que los estadounidenses están conscientes de la relación tan compleja que hay con esta nación, por lo que estarán interesados en tener una buena comunicación.