La quema de cuerpos en Nueva Delhi lleva a las autoridades a talar los árboles de la ciudad por falta de madera y se queda sin espacio para cremar a sus muertos

 La avalancha de cadáveres que llega a los crematorios ha obligado a saltarse los rituales fúnebres hindúes. No hay lámparas en la cabeza de los difuntos ni mantos blancos para guiar las almas hacia el próximo viaje. 

 “Es como si estuviéramos en medio de una guerra”: Mamtesh Sharma, funcionario de la ciudad india de Bhopal

 “La OMS hace todo lo que puede, suministrando material y equipamiento esencial”: Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una rueda de prensa, donde advirtió que la pandemia también crece en otros países

 Cuando la chimenea de un crematorio se derrite por la incesante quema de cadáveres, como ocurrió recientemente en la ciudad portuaria de Surat (India), de 4.5 millones de habitantes, el infierno ha llegado. India es ahora mismo el averno vírico, un país de cenizas que vive un estado de permanente devastación como consecuencia de una oleada de coronavirus sin precedentes en todo el planeta.

 

BBC

La dramática crisis de coronavirus que se vive en India ha forzado a los crematorios de la capital a construir piras funerarias de forma improvisada y a contrarreloj, mientras parques y otras áreas vacías de la capital también se utilizan para incineraciones.

La alta demanda ha llevado a que las familias de los fallecidos tengan que esperar horas para cremar a sus seres queridos, mientras el número de muertes atribuidas al Covid-19 no deja de aumentar.

La segunda ola de la pandemia está siendo devastadora para el segundo país más poblado del mundo, con 1,350 millones de habitantes y que suma cada día más de 300,000 nuevos contagios.

El rápido avance de la Covid-19 en el país asiático, que en cuestión de semanas ha multiplicado la tasa de contagios dramáticamente, provocó una crisis de suministros que ahoga a algunas de las regiones más golpeadas, como Nueva Delhi o la occidental Maharashtra.

Trabajando a contrarreloj

 

En el crematorio capitalino de Sarai Kale Khan, se construyeron al menos 27 nuevas piras y otra docena estaban este martes en proceso en un parque adyacente. Las autoridades también empezaron a buscar espacio adicional cerca del cauce del río Yamuna.

Un trabajador del crematorio, con capacidad inicial para 22 cuerpos, señaló al periódico The Hindu que están trabajando desde primera hora de la mañana hasta la medianoche.

Según la prensa local, las autoridades en Nueva Delhi han recurrido a la tala de árboles de los parques de la ciudad para usarlos como leña en las piras.

A los familiares de los fallecidos se les ha pedido además que ayuden con las cremaciones apilando madera y asistan en otros rituales.

El crematorio Ghazipur en el este de Nueva Delhi construyó 20 piras en un aparcamiento. Un funcionario le dijo al periódico Indian Express que el tiempo de espera para la cremación oscilaba entre las 3 y 4 horas, pues la incineración de los cuerpos tarda hasta 6 horas.

 

La situación es también grave en otros crematorios

 

Sunil Kumar Aledia, que gestiona el Centro para el Desarrollo Holístico, una organización que provee asistencia con oxígeno, comida y cremaciones, le dijo a la BBC que algunas empresas no tienen espacio para ampliar sus servicios.

Y es muy probable que la demanda de cremaciones continúe siendo alta. En Nueva Delhi, con una población de 20 millones de personas, los hospitales se vieron desbordados y el oxígeno para uso médico es limitado.

 

¿Cómo de grave es la situación en el país?

 

India ha registrado más de un millón de casos de Covid-19 en sólo unos pocos días. Se ha reportado escasez de medicamentos, ambulancias, oxígeno y camas de unidades de cuidados intensivos (UCI).

Al menos dos hospitales en la capital vieron cómo sus pacientes morían tras quedarse sin suministro de oxígeno.

Y para las familias se ha vuelto cada vez más difícil trasladar a sus enfermos a hospitales incluso si encuentran una cama disponible. Muchos, de hecho, han fallecido esperando una.

Dada la magnitud de la crisis, las redes sociales están plagadas de súplicas de socorro, con gente buscando desesperadamente oxígeno, medicinas y camas de UCI.

Numerosos países han ofrecido su ayuda. Reino Unido empezó a enviar respiradores y oxígeno, si bien un portavoz del primer ministro, Narendra Modi, dijo que el país no tenía excedente de vacunas para ponerlo a disposición de India.

Francia, Irlanda, Alemania y Australia también están mandando equipos médicos, mientras la OMS aseguró que enviará miles de generadores de oxígeno.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, habló con Modi y aseguró que contaba con “el total apoyo” de EE.UU.

Washington levantó la prohibición de exportar materias primas para la producción de vacunas en el extranjero, permitiendo que India manufacture más dosis de AstraZeneca. También proveerá equipos médicos y de protección.

No obstante, Zarir Udwadia, que trabaja en hospitales de Mumbái y asesora al gobierno, advirtió en el programa Today de la BBC que los suministros prometidos tendrán un efecto limitado.

Udwadia explicó que estaba viendo, “turno tras turno, personas con dificultades para respirar conectadas a respiradores de diferentes tamaños y formas”.

El número de casos registrados de Covid-19 cayó levemente el martes a 323.144 desde su punto más alto, de más de 350,000, el día anterior.

En total y hasta este 27 de abril, India había registrado 17.6 millones de casos de coronavirus y 197,984 muertes, según los datos de la Universidad John Hopkins.

No obstante, se cree que el número real puede ser muy superior.

Una investigación de la cadena NDTV halló al menos 1,150 muertes más que no habían sido incluidas en los registros oficiales de Nueva Delhi la semana pasada. Otras investigaciones también han dado con ejemplos similares de casos que no han sido reportados.

Bastan los números: el Ministerio de Sanidad informó el pasado lunes de 352.991 nuevos contagios y 2.812 defunciones en veinticuatro horas, estadística con la que ya se superan los 17.3 millones de infectados desde el inicio de la pandemia y casi 200,000 muertos, a los que se llegará hoy o mañana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la situación es «más que desgarradora». En especial, porque no hay un futuro a la vista. Los enfermos fallecen en las puertas de los hospitales, particularmente en la región de Maharashtra y en Nueva Delhi, donde el confinamiento no ha detenido la curva ascendente y una de cada tres personas que se somete a la PCR da resultado positivo. La epidemia avanza tan rápido que, a semejanza de los tornados, ha creado una espiral. El Gobierno muestra inquietud por la aparición de contagios entre ciudadanos vacunados, lo que alienta dos teorías: la transmisión se produjo antes de que el antiviral prendiera o bien la denominada doble mutante –la cepa local que está contribuyendo decisivamente a estos estragos– es capaz de salvar las barreras del suero.

Cientos de miles de enfermos esperan días enteros a ser atendidos en la calle. La contención frente al virus es cada vez un papel más fino y, como consecuencia, el personal sanitario se ha visto diezmado. El Ejército ha llamado a los médicos en la reserva y cedido a los hospitales las reservas militares de oxígeno. Porque apenas queda debido a la alta demanda –incluso hay problemas para encontrar bombonas rellenables–, una fallida gestión gubernamental, el potente mercado negro y un miedo profundo que ha llevado a los habitantes que tenían dinero para hacerlo a aprovisionarse de este gas en sus casas, al igual que de medicamentos necesarios en las UCI.

La UE y la OMS han enviado un primer lote de concentradores de oxígeno y varios países –entre ellos, el vecino Pakistán, Alemania o Estados Unidos– se han movilizado para llevar fármacos y bombonas. La Fundación Vicente Ferrer lanzó ayer una campaña de emergencia en España para conseguir el preciado gas. Y el Gobierno de México ha decidido ceder a India parte de sus vacunas. Pero todo es poco. Tanto, que en las regiones colapsadas hay centros que se plantean el temido triaje a vida o muerte y centrar los escasos recursos existentes en los jóvenes, el grupo de edad con más posibilidades de sobrevivir, aunque ahora mismo haya un predominio de casos graves en pacientes de 30 a 50 años.

Temor a la doble mutante

Para los países vecinos y la propia OMS, India camina hacia su transformación en un vórtice, un lugar que podría devorarse a sí mismo y a sus 1,300 millones de habitantes y expandir los efectos de la Covid-19 a su entorno como una centrifugadora. Y de Asia, a otras naciones, donde crece el temor a la doble mutante por el mazazo que pueda asestar a las campañas de vacunación.

El propio Gobierno de Pakistán no descartó que pueda verse sumido en una situación «similar a la de India» tras haber superado los 800,000 contagios y sumar 5,000 en veinticuatro horas. Alemania, Canadá, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Arabia Saudí, Singapur, Hong Kong, Nueva Zelanda, Maldivas y Bangladesh ya han suspendido el tráfico aéreo con India, mientras Italia impone una cuarentena a todo aquel que vuele desde allí. España estudia también ordenar restricciones.

«La OMS hace todo lo que puede, suministrando material y equipamiento esencial», afirmó Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una rueda de prensa donde advirtió que la pandemia también crece en otros países.

La hecatombe india sigue sorprendiendo a muchos. En enero. tres meses antes de que la nación se convirtiera en un enorme crematorio, el Gobierno de Modi declaró que había vencido a la pandemia basándose en unas cifras de infección muy bajas comparadas con lo vasto de la nación. En febrero, eran 9,000 casos diarios. Hoy, se multiplican 39 veces. Las claves están en las mutaciones –además de la doble, en India se hallan activas todas las variantes conocidas–, una mala gestión, la relajación de las medidas de precaución y la imprevisión en fármacos y vacunas en el Estado que más antivirales produce en todo el mundo.

 

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