Financiamiento público para partidos políticos y plurinominales fundaron el sistema electoral.

En este momento existen dos temas relevantes que vale la pena pensar en términos de objetivos democráticos, evitando el protagonismo de los presidentes de los partidos políticos (hasta ahora no se sabe si sus órganos de dirección hayan aprobado las propuestas, sólo MORENA, por tanto implicaría que éstas son antidemocrática de origen), y teniendo una visión de largo plazo sobre un verdadero desarrollo político y social de México.

Es inobjetable la necesidad de apoyar a quienes se encuentran en una situación muy difícil, derivada de los temblores del 7 y 19 de septiembre. Los presidentes de los partidos políticos, a partir del reclamo social, han presentado propuestas que constantemente se han modificado, señalando como objetivo la ayuda a los damnificados de los referidos temblores.

De la misma Pluma…

Si observamos dichas propuestas se podrían resumir así: a) Destinar una parte del financiamiento público que reciben los partidos para ayuda; b) destinar el 100% del financiamiento para el mismo fin; y una c), que  presentada únicamente por el PRI, de suprimir los diputados plurinominales (no debe pasarse por alto que en febrero de este año ya la había presentado bajo otras justificaciones). Cada una tiene consecuencias en el funcionamiento del sistema electoral, debemos observarlas en términos democratizadores, sin dejar de lado la ayuda que es tan necesaria en estos momentos. Es decir, equilibrar.

De las tres propuesta, me parece muy sensata y con mejores resultados democráticos de frente a la contienda que esta próxima la mencionada como a), aunque evidentemente es necesario estudiar y modificar los montos tan elevados que ahora reciben. Me parecen poco sustentadas las propuestas b) y c), a partir del recorrido histórico que hemos tenido en México.

Una decisión que cambió el rumbo de nuestro país, por la vía pacífica, fue la reforma de 1977, la cual, es señalada por los autores más reconocidos como  “la madre de las reformas democratizadoras”. Es casi al final de la “guerra sucia” cuando se aprobó esta modificación, que tuvo tres elementos democratizadores: El reconocimiento constitucional de los partidos políticos y su prerrogativa de financiamiento público, y los diputados plurinominales.

Esto significó, que a través del financiamiento público existiera la posibilidad real de la oposición de pelear por ganar en las urnas las elecciones, en un sistema en donde el PRI de todas las elecciones, ganaba todas. En todos los autores que han escrito sobre esta reforma, existe la coincidencia de que la fortaleza del partido en el poder consistía en obtener recursos públicos para las campañas, provenientes de las instituciones públicas.

Sin embargo, el PRI pretende que las empresas paguen los gastos de campaña, serìa ingenuo pensar que estas aportaciones no afectarán la honestidad e imparcialidad que debe observarse en el gasto pùblico de las autoridades, justo como se aprecia en las explicaciones hsitóricas, que nos muestran el funcionamiento del sistema polìtico de hace 40 años.

Para el caso de no ganar las elecciones de diputados, se abrieron 100 espacios y para 1986 fueron 200, destinados a las minorías, es decir, los votos logrados en una competencia equitativa en términos de recursos (financiamiento público) contarían para las minorías y tendrían espacio en las cámaras, que de manera paulatina fueron impulsando y logrando mejores condiciones en la competencia electoral y en general condiciones de mejor convivencia política.

Por tanto, financiamiento y plurinominales permitieron una transformación democrática en México, logrando la conclusión del periodo conocido como “guerra sucia”, periodo caracterizado por el uso de la fuerza militar para oprimir cualquier movimiento de oposición, básicamente entre 1960 y finales de la década de los 70 (algunos ejemplos de esta guerra sucia lo son el movimiento de 1968, el “halconazo” de 1971, el levantamiento rural del sur de México -Lucio Cabañas y actualmente cobra notoriedad Rosendo Radilla Pacheco- y la inclusión de los derechos humanos en el orden jurídico mexicano), durante el cual el PRI pasó de su momento más fuerte al inicio de la pérdida de la mayoría en el Congreso de la Unión (1997) hasta la derrota en la elección del ejecutivo federal (2000). Es decir, con estos dos elementos, sustancialmente, pasamos de un estado represor a uno de lucha política.

Esto significa que tanto el financiamiento público como la representación proporcional permitieron elecciones competitivas, con la incertidumbre del resultado (característica de una elección democrática) con espacio para las minorías, ya que también encaminaron a nuestra nación hacia la embrionaria democracia en la que ahora nos encontramos.

En este contexto es que debemos pensar sobre la propuesta de suprimir tanto el financiamiento público como a los plurinominales.

Da la impresión que la propuesta emanada del PRI de suprimir los representantes plurinominales, la cual es presentada por segunda vez en este mismo año (se debe poner atenciòn en la insistencia de este partido en este sentido), pretende regresarnos 40 años, a la época de la “guerra sucia”, en donde no existía algún mecanismo de participación efectiva, en donde se perseguía con la fuerza a quienes no coincidieran con el partido en el poder, demostrando una gran intolerancia a la pluralidad de ideas y pensamientos, y donde las decisiones públicas se tomaban piramidalmente desde la cúspide del poder por parte del presidente en turno.

Texto publicado originalmente por: José Antonio Bretón Betanzos

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