Por fin se dio la unción de Martha Érika Alonso y Eduardo Rivera como precandidatos del Partido Acción Nacional a la gubernatura y presidencia municipal de Puebla, respectivamente.

Aunque ya era un secreto a voces, el día de ayer el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, a través de un comunicado, disipó todas las dudas.

La foto era más que elocuente, el presidente Damián Zepeda flanqueado por Martha Érika y Eduardo Rivera, los tres sonrientes, foto totalmente diferente de ánimo a la que se tomaron la semana pasada los mismos personajes pero en lugar de Zepeda, Tony Gali.

El pragmatismo ganó una vez más, la cuña de Ricardo Anaya al morenovallismo triunfó con la postulación de Lalo Rivera. Y no sólo eso, dentro de las negociaciones también entraron algunos distritos para el príncipe del Yunque.

¿Qué pensaran los miembros de la burbuja morenovallista que fueron desplazados?

Seguramente el trago fue amargo para Jorge Aguilar Chedraui y  Luis Bank Serrato, naturalmente se sentían merecedores de la tan ansiada candidatura, creían que pesaría más la amistad y lealtad al ex gobernador Moreno Valle y su férreo control en el estado, que una imposición del CEN albiazul.

Nuestro ex gobernador por fin vivió en carne propia lo que todos sus “correligionarios” poblanos sufrieron con sus imposiciones, “el que las hace no las consiente”, reza el dicho popular. Cosas de la política de grandes ligas.

Vale más una candidatura a la gubernatura que una alcaldía, claro está. Aunque esta represente darle oxígeno a uno de los rivales más acérrimos del Maximato poblano.

****En el PRI las cosas no están mejor, sigue la indefinición de su candidato a la gubernatura. Aunque los corrillos políticos dicen que el todavía presidente Jorge Estefan será el sacrificado. Mediante el método de convención de delegados, el ex partidazo elegirá a su gallo, o sea, por dedazo.  Bendita democracia.

Simulación pura.