Dicen que la desgracia de algunos es la bonanza de otros, y tal parece que eso sucede en el PRI poblano.

Mientras sigue el jaloneo por la candidatura a gobernador, quien ya está empezando a repartir candidaturas a diputados federales a diestra siniestra es Juan Carlos Lastiri.

Sabedor que la candidatura a gobernador no recaerá en él, se ha empeñado en imponer a sus incondicionales Vanessa Barahona, y Erika Alatorre en los distritos 9 y 12 de la capital, respectivamente.

La jugada de Lastiri es aprovechar el jaloneo interno.

Pero no sólo esa es su intención, pretende agandallarse además  las quince diputaciones federales y las locales que se puedan.

Este latente escenario sería la estocada final para el tricolor poblano.

Me explico.

En el hipotético caso de que Lastiri tenga mano en la decisión de los candidatos, se generaría de manera inmediata un ruptura de proporciones inmensas con los diversos grupos del partido, lo que sin duda están esperando los morenovallistas y morenistas con ansías.

En pocas palabras Lastiri ya está jugando en contra de su propio partido.

Su juego es ganar perdiendo. O sea ir en la primera fórmula al Senado y perder ante la coalición Morenovallista y entrar como primera minoría.

Lo peligroso de este asunto es que la desbandada sería de tal magnitud que si el PRI hoy se encuentra en condiciones críticas, prácticamente desaparecería del orbe estatal.

Así las cosas en el partidazo.

Ya faltan dos días para conocer su destino.