La organización indicó que el régimen de Xi Jinping, cuarto en el ránking mundial de los países con peor libertad de prensa, evitó que denunciantes advirtieran lo que sucedía tras los primeros contagios en Wuhan

 “Al informar sobre la realidad de la pandemia, algunas personas han corrido riesgos tan grandes que han resultado muertos, mientras que otros han desaparecido o han sido encarcelados. Procesados, atacados, insultados… muchos han pagado un alto precio por defender el derecho a la información, y por combatir los rumores y la desinformación que agravan las consecuencias de esta crisis de salud pública”: Christophe Deloire, secretario general de Reporteros Sin Fronteras

Cuando se conocieron los primeros casos de Covid-19, a finales de 2019 en Wuhan

El régimen chino aplicó toda su brutal fuerza para censurar y frenar cualquier información sobre lo que pasaba

Incluso las autoridades chinas persiguieron al médico Li Wenliang, quien fue el primero en denunciar lo que ocurría y que luego murió de Covid-19.

El conocido periodista de investigación Hopewell Chin’ono, de Zimbabwe “fue brutalmente arrestado en su casa”, tras informar sobre la venta de medicamentos contra el Covid-19 con un precio sobrevaluado por el gobierno.

El periodista ruandés Dieudonné Niyonsenga sigue detenido.

El director del canal de televisión online “Ishema” fue acusado de haber ignorado las normas frente al coronavirus del país y fue arrestado en abril 2020.

 En Venezuela, el periodista independiente Darvinson Rojas pasó 12 días en prisión por un tuit que cuestionaba las cifras oficiales de la pandemia.

 En India, al periodista Vijay Vineet le pueden caer seis meses de cárcel por contar que las restricciones del confinamiento obligaron a los niños hambrientos a comer forraje para ganado. 

En Bangladesh, el famoso dibujante Ahmed Kabir Kishore se enfrenta a una posible cadena perpetua por publicar en Facebook viñetas políticas durante la crisis de Covid-19 que aludían, entre otras cosas, a la corrupción. 

En Ecuador, 13 periodistas murieron en abril pasado tras cubrir la información a causa del virus.

BBC

Reporteros sin Fronteras denunció que la persecución a periodistas por parte del régimen chino pudo haber contribuido a la propagación del Covid-19, que ya ha dejado más de tres millones de muertos y cientos de millones de contagios en todo el mundo.

Según la organización, al Beijing evitar que denunciantes advirtieran de lo que estaba pasando durante los primeros días del brote en Wuhan se impidió al mundo estar mejor preparados ante el inesperado virus.

En el índice proporcionado este martes por Reporteros sin Fronteras, China está de cuarto entre los 10 con peor libertad de prensa en el mundo. En los tres primeros puestos están los totalitarios Eritrea, Corea del Norte y Turkmenistán, y le siguen Yibuti, Vietnam, Irán, Siria, Laos y Cuba.

Sobre el régimen de Xi Jinping, RSF indicó que “sigue llevando a niveles sin precedentes la censura, la vigilancia y la propaganda en internet”.

“Podemos sentarnos en el Reino Unido y pensar que todo está bien aquí, pero en realidad lo que está sucediendo al otro lado del mundo puede afectarnos”, dijo Rebecca Vincent, directora de campañas internacionales de la organización. “Hemos dicho e insistiremos en ello, que si la prensa hubiera sido más libre en China, entonces es posible que se hubiera evitado una pandemia mundial”.

Vincent dijo que China utiliza su influencia global para intentar tapar los atropellos que comete contra su población e intentar vender otra imagen suya al mundo. “China tiene más periodistas en la cárcel que cualquier otro país del mundo, y esto se está filtrando y se está empezando gracias sistemas internacional de información. El régimen hace lo posible para tratar de influir en cómo obtenemos y percibimos la información”.

Numerosos regímenes han aprovechado las urgencias ligadas al coronavirus para restringir aún más la libertad de prensa, que vive una “situación difícil” en 73 de los 180 países analizados y “muy grave” en otros 59, lo que totaliza el 73 % del total.”

En el momento en el que la desinformación, los rumores y las invitaciones al odio se propagan por las redes sociales, en el que el periodismo es la mejor vacuna contra esos males, en el 73 % de los países esta vacuna está bloqueada”, asegura a Efe el secretario general de Reporteros Sin Fronteras (RSF), Christophe Deloire. La irrupción de la crisis sanitaria ha conformado las tendencias apuntadas ya en el último informe, al favorecer las violaciones de la libertad de prensa. Deloire señaló que en más de la mitad de los Estados de la ONU se han registrado este tipo de violaciones.

“El elevadísimo número de periodistas encarcelados en todo el mundo pone de manifiesto los peligros actuales para la libertad de prensa”, afirmó la portavoz alemana de Reporteros sin Fronteras (RSF), Katja Gloger. Demasiados gobiernos reaccionaron a las protestas, a los inconvenientes, o a una crisis como la pandemia del Covid-19 con medidas represivas contra los “portadores de malas noticias”, añadió al presentar el informe anual publicado el último lunes.

Esta primera parte del informe trata sobre los periodistas detenidos, secuestrados y desaparecidos. 387 trabajadores de medios de comunicación se encuentran actualmente en prisión, a fecha del 1 de diciembre de 2020. La segunda parte aparecerá poco antes de la víspera de Año Nuevo, con el balance de los periodistas que han fallecido. “Detrás de cada uno de estos casos está el destino de una persona amenazada con juicios penales, encarcelamientos prolongados y, a menudo, maltrato, porque no se sometió a la censura y la represión”, explicó preocupada la representante de RSF.

 

Informes críticos sobre el Covid-19 con consecuencias drásticas

Su colega de RSF Sylvie Ahrens-Urbanek citó ejemplos concretos en África. El conocido periodista de investigación Hopewell Chin’ono, de Zimbabwe había investigado la venta de medicamentos contra el Covid-19, cuyo precio había sido sobrevaluado por el gobierno: “Fue brutalmente arrestado en su casa”. Pasó un mes y medio en prisión, y en repetidas ocasiones se le había negado la libertad bajo fianza.

El periodista ruandés Dieudonné Niyonsenga sigue detenido. El director del canal de televisión online “Ishema” fue acusado de haber ignorado las normas frente al coronavirus del país y fue arrestado en abril, según Reporteros sin Fronteras. Niyonsenga había informado sobre el impacto de las regulaciones gubernamentales en la vida pública, comentó Ahrens-Urbanek, experta en África. Para el gobierno de Ruanda, las sospechas de Niyonsenga de que los soldados habían cometido violaciones mientras imponían el toque de queda eran particularmente explosivas.

La mayoría de periodistas encarcelados están en China

Los casos de Ruanda y Mozambique confirman una tendencia mundial, según Reporteros sin Fronteras. Aunque África sufrió con retraso las consecuencias de la pandemia, a diferencia de Asia, Europa y América Latina: “Sin embargo, vemos que los ataques a la libertad de prensa también han aumentado allí con el creciente número de casos de coronavirus”, señaló Ahrens-Urbanek. Mientras el coronavirus se propagaba cada vez más rápido, el número de periodistas que terminaron en la cárcel también se triplicó entre el 15 de marzo y el 15 de mayo, en comparación con el año anterior. A finales de noviembre, un total de 40 periodistas habían sido “detenidos de manera verificable por sus informes sobre la pandemia”, confirma Ahrens-Urbanek.

En el mapa mundial, el país donde más periodistas continúan actualmente encarcelados sigue siendo China (117). Egipto es el Estado africano con más trabajadores de prensa en prisión (30). El número total en todos los países fue de 387, al 1 de diciembre, dos menos que en el año récord 2019, cuando el número había aumentado significativamente por tercera vez consecutiva. Cada vez son más las mujeres terminan tras las rejas por su trabajo periodístico. Actualmente, 42 están en prisión, un 35% más que en 2019.

 

 

Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha elaborado una lista de 30 “Héroes de la información” del coronavirus

Se trata de 30 periodistas, denunciantes y medios de comunicación cuyo coraje, perseverancia o capacidad para innovar han ayudado a difundir información fidedigna y vital durante la pandemia de Covid-19.

Toda crisis genera sus propios héroes. En todo el mundo hay periodistas, denunciantes y medios de comunicación que han logrado superar las barreras a la información creadas desde el comienzo de la pandemia. A través de sus informes o mediante iniciativas que han necesitado coraje, audacia y determinación, han brindado acceso a información fiable y de calidad, han ayudado a resistir la censura y han combatido la desinformación descontrolada que amenaza la salud pública.

 “Procesados, atacados, insultados… muchos han pagado un alto precio por defender el derecho a la información, y por combatir los rumores y la desinformación que agravan las consecuencias de esta crisis de salud pública. Estos nuevos héroes nos recuerdan que el periodismo puede salvar vidas. Merecen nuestra atención y admiración”.

Al reconocer a estos héroes, RSF rinde homenaje a los periodistas, denunciantes y medios de comunicación que se han distinguido en la lucha por la libertad de prensa durante una crisis excepcional. RSF también tiene como objetivo demostrar que el caos de información, que se ha incrementado durante la pandemia, no es inevitable, y que quienes figuran en la lista de RSF pueden verse como modelos en un momento en el que es urgente la defensa de la información fidedigna y la lucha contra la desinformación.

La lista que RSF recopila, que no pretende ser exhaustiva, incluye tanto a personalidades mediáticas como a personas de las que el público no ha oído hablar. Aunque proceden de los cinco continentes, casi un tercio de estos 30 héroes son de Asia, donde se originó la pandemia. Otros seis son de Europa y Asia Central, mientras que los demás son de África, América y Oriente Medio.

Lo que la mayoría de estos héroes tienen en común es el hecho de que revelaron información que destaca la gravedad de la pandemia o la mala gestión de la crisis por parte de su gobierno. Algunos son periodistas veteranos como Ana Lalic (Serbia) o investigadores combativos, como Blaž Zgaga (Eslovenia), Andjouza Abouheir (Comoras) o Sergei Satsuk (Bielorrusia). Pero otros son ciudadanos de a pie que, en respuesta a la urgencia y gravedad de la crisis de salud pública, decidieron dar la voz de alarma con el fin de salvar tantas vidas como fuera posible. Fue un oftalmólogo, Li Wenliang, el primero en alertar al mundo de la existencia de una enfermedad de rápida propagación en diciembre de 2019. Y fue un abogado, Chen Qiushi, quien publicó videos en su blog revelando el caos en los hospitales de Wuhan, el lugar donde se produjo el brote inicial de la Covid-19. Wenliang murió a causa del virus, mientras Qiushi fue puesto en cuarentena a la fuerza y nunca volvió a aparecer.

La verdad se paga cara muchas veces. En Venezuela, el periodista independiente Darvinson Rojas pasó 12 días en prisión por un tuit que cuestionaba las cifras oficiales de la pandemia. En India, al periodista Vijay Vineet le pueden caer seis meses de cárcel por contar que las restricciones del confinamiento obligaron a los niños hambrientos a comer forraje para ganado. En Bangladesh, el famoso dibujante Ahmed Kabir Kishore se enfrenta a una posible cadena perpetua por publicar en Facebook viñetas políticas durante la crisis de Covid-19 que aludían, entre otras cosas, a la corrupción.

Otros han evitado la prisión, pero ya no pueden trabajar. En Eswatini (antes Suazilandia), el director del digital Swati Newsweek, Eugene Dube, tuvo que huir a la vecina Sudáfrica después de un largo y violento interrogatorio policial sobre un artículo que cuestionaba la gestión estatal de la crisis de la Covid-19. Tras pasar 76 días en Wuhan durante lo más crudo de la pandemia, Chris Buckley, que trabajaba como reportero de The New York Times desde Pekín, se vio obligado a abandonar China. Por primera vez en 24 años le denegaron la renovación del visado.

Muchos de estos héroes han demostrado coraje para resistir las presiones y la censura. Es el caso de Caixin, un medio independiente en inglés y chino cuyas informaciones han puesto en tela de juicio la narrativa del gobierno chino. La periodista afgana Anisseh Shahid también dio muestras de audacia simplemente por seguir informando sobre el terreno cuando la amenaza de contagiarse se añadía a otra ya existente: la de un ataque talibán. En Estados Unidos, varios corresponsales de la Casa Blanca se han distinguido por su perseverancia ante la adversidad. A pesar de los constantes ataques y burlas del presidente Trump y su entorno, continúan cuestionando su gestión de la pandemia semana tras semana.

De esta crisis excepcional también han surgido iniciativas innovadoras que han ayudado a difundir los hechos y a combatir la desinformación. En África, nacieron la web radio marfileña WA FM y el diario digital de Togo, TogoCheck, con el fin de combatir rumores y noticias falsas, además de difundir información fiable que el público pudiera usar para protegerse y salvaguardar su salud. En Brasil, los medios de comunicación alternativos aunaron recursos para formar un “Gabinete de crisis” que informara a los abandonados habitantes de las favelas de Río de Janeiro, mientras que los periodistas de la Red Wayuri han asumido el desafío de informar a más de 750 comunidades indígenas en la Amazonía. En Rusia, 25 medios de comunicación formaron Syndicate-100, cuyo objetivo es que el personal sanitario, que se ha visto muy afectado por la epidemia, tenga más fácil informar de problemas y alertar al público.

Finalmente, RSF rinde un homenaje especial a los periodistas en Guayaquil, la capital comercial de Ecuador y donde se produjo el mayor brote de Covid-19 en América Latina. Las imágenes de cadáveres en las calles de Guayaquil han dado la vuelta al mundo. A pesar de no estar preparados y de carecer de equipos de protección personal, los periodistas de la ciudad han seguido trabajando e informando en lugares con una alta tasa de infección