EFE

Un museo en Berlín da una segunda vida a una serie de monumentos malditos que fueron retirados en su día del espacio público y que al exhibirse ahora permiten abrir un debate crítico sobre lo que representaron y sobre el contexto en el que surgieron.

La exposición incluye monumentos de las dos dictaduras: de la dictadura nazi, entre 1933 y 1945, y del régimen de la extinta RDA entre 1949 y 1990. También hay muestras de épocas anteriores aunque el centro está en la confrontación con el nazismo y el régimen comunista.

Poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, las potencias aliadas que ocupaban Berlín ordenaron la eliminación de una serie de monumentos directamente relacionados con el nacionalsocialismo.

Muchos de ellos se exhiben ahora en la Ciudadela de Spandau, una fortaleza del siglo XVI en el oeste de la capital alemana que fue utilizada por el ejército nazi para probar armas químicas durante la Segunda Guerra Mundial y que ahora aloja Desvelados, el título de la exposición.

Un elemento central de la muestra es un conjunto de monumentos que se ubicaban originalmente a ambos lados de la entonces llamada Siegesallee, una avenida que atravesaba el parque Tiergarten, y que representaba siglos de reyes y príncipes.

“Creo que es muy importante no olvidar”, explicó a Efe Urte Evert, directora del museo, para quien es comprensible que se retiren esos monumentos del espacio público.

Aunque muchos de los monumentos erigidos por los nazis fueron construidos por ellos mismos hacia el final de la guerra (los que contenían metal fueron fundidos para la producción de municiones) algunos pueden verse, como una campana con una esvástica y la leyenda grabada “Todo por la patria – Adolf Hitler”, como ejemplo de las que colgaron en campanarios de toda Alemania.

La directora teme que si estos monumentos se eliminan, la gente olvide la “faceta oscura” de la historia alemana y que se puedan repetir los mismos errores del pasado, ya que el racismo no ha desaparecido.

Uno de los objetos de controversia en este museo es la cabeza de una estatua de Lenin de 18,6 metros, explicó Evert. La estatua del fundador del Estado soviético se alzaba en Berlín Oriental y fue desmantelada tras la reunificación de Alemania; su cabeza fue desenterrada en 2015 y se exhibe desde entonces en el museo de la Ciudadela de Spandau. Algunos visitantes consideran la presencia de la cabeza como un homenaje indebido a Lenin. Otros, en cambio, lo ven como un símbolo de la forma como la reunificación arrasó todo lo que recordase a la extinta RDA.

“Cada monumento debe ser discutido constantemente de nuevo. Nunca se puede decir que hay una única forma correcta” dijo la directora. Esto permite una conversación sobre las heridas entre Este y Oeste. Se trata de “un espacio para contextualizar los hechos históricos e irte si no te sientes a gusto”, dijo Evert.

Sin embargo, la exhibición no contiene símbolos relacionados con el colonialismo alemán en África porque a las figuras de este se les honraba, más que con monumentos, bautizando las calles con sus nombres. A ese respecto hay actualmente en Berlín muchas iniciativas para cambiar el nombre de algunas calles.

Otra característica de la exhibición Desvelada es que permite a sus visitantes tocar los monumentos, la mayoría de ellos de mármol, por lo que no se rompen tan fácilmente, y permite así un público más amplio. “Al venir aquí puedes tocar la historia, puedes tocar las heridas de la guerra dentro de un monumento y creo que esto es realmente especial. Así podemos demostrar que el poder no es absoluto, se puede terminar”, finaliza Evert.

Cientos de monumentos más, esparcidos por Berlín, están disponibles para ver virtualmente en una gran pantalla táctil al comienzo de la exhibición que organiza los monumentos por fechas y por distritos de Berlín.