El enemigo de mi enemigo es mi amigo, y parece que Alemania y México lo saben.

Ambas naciones pudieran estar cerrando filas para enfrentar de forma coordinada las duras críticas que Donald Trump ha lanzado contra ellas.

No es que Donald Trump se haya declarado abiertamente “enemigo” ni de México ni de Alemania, pero la retórica y las actitudes del presidente estadounidense desafiando a ambos países han hecho que los gobiernos de Angela Merkel y Enrique Peña Nieto se acerquen para intentar trabajar en conjunto.

Mayo trajo consigo tres novedades que pronostican un verano intenso: Primero, la Casa Blanca arrancó oficialmente la carrera para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); segundo, Trump colisionó con los intereses europeos en su reciente gira internacional y provocó un distanciamiento con Alemania, y tercero, Alemania y México encontraron terreno común para afianzar sus lazos económicos, políticos y comerciales.

Trump notificó oficialmente el 18 de mayo en una carta enviada al Congreso estadounidense su intención de abrir un proceso para renegociar el TLCAN, un procedimiento que se espera arrancar a partir de agosto y que pone nerviosos no solo a México sino a otras naciones.

Durante su camino a la Casa Blanca y en sus primeros meses despachando en la Oficina Oval, Trump criticó que muchas empresas de capital estadounidense y de otros países inviertan en México y luego exporten sin aranceles a la Unión Americana. El presidente amenazó con un impuesto de hasta 35% a la importación de automóviles procedentes de México.

El asunto no es cosa menor para los alemanes: Desde su planta en Puebla, Volkswagen exportó en el primer trimestre del año 54,069 unidades a Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), Audi puso en marcha la operación de su planta en ese mismo estado en septiembre pasado donde produce el modelo Q5; Mercedes Benz invierte ahora 1,400 millones de dólares (mdd) en Aguascalientes para arrancar producción en 2018, y BMW destina 1,000 mdd en su primer fábrica en San Luis Potosí para iniciar en 2019.

En total hay casi 2,000 empresas de capital alemán en México que generan 140,000 empleos en el país. Y además de las inversiones, el intercambio comercial también es relevante con unos 18,000 mdd anuales, mientras que México es el primer destino de las exportaciones alemanas en América Latina.

“Las empresas alemanas por supuesto se preocupan por el debate en torno al TLCAN, respaldamos la posición del gobierno mexicano y el gobierno canadiense”, dijo el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, apenas un día después que Trump enviara su carta al Congreso estadounidense.

El jefe de la diplomacia alemana estaba de visita en la Ciudad de México, donde participó en un foro con su homólogo Luis Videgaray para afianzar apoyos políticos, educativos, ambientales y sociales entre ambos países.

“Queremos cooperar aún más con aquellos socios que también quieran desarrollar aún más la idea del libre comercio en el mundo y por eso apoyamos fuertemente la modernización del acuerdo global entre México y la Unión Europea”, dijo Gabriel al respaldar las aspiraciones mexicanas por tener un mayor acceso al mercado europeo.

“Estamos renegociando nuestro acuerdo comercial con Europa a través de la modernización del acuerdo global, y es un proceso que esperamos culminar este año y agradezco enormemente el apoyo de Alemania”, afirmó Videgaray al saludar la visita de Gabriel.

El encuentro entre los diplomáticos sirvió como preludio al viaje que realizará la canciller Angela Merkel a México a principios de junio, y ayudó a que México refrendara su apoyo a la presidencia alemana del G20, cuya Cumbre de Líderes será el 7 y 8 de julio, en Hamburgo.

El G20, que agrupa a los 20 países más ricos del mundo, podría ser la ocasión para que (tal vez) Trump y Merkel se vieran nuevamente las caras luego de su último y ríspido encuentro del G7 en Italia… si Trump acude al G20, y si también asiste Enrique Peña Nieto, esta sería la primera ocasión en que ambos mandatarios coincidan desde que el nuevo presidente llegó a la Casa Blanca en enero pasado.

La semana anterior, Trump y Merkel se vieron en la reunión de la OTAN en Bruselas y luego en la reunión del G7 en Sicilia. Apenas el presidente había vuelto a Estados Unidos, la canciller alemana lanzó un discurso donde puso en duda la confiabilidad de Estados Unidos como aliado, dado que Trump se negó a respaldar los acuerdos de París sobre el cambio climático y dudó en apoyar de forma sólida el pacto militar trasatlántico.

Texto publicado originalmente por: Expansión