Segunda y última parte

 

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En México, la NOM-201-SSA-1-2002 establece las condiciones en las que debe operar una planta de envasado en cuanto a equipo, tubería, áreas de lavado y llenado, así como las sustancias que se permite utilizar y la presencia máxima permitida de contaminantes, microbiológicos, metales y desinfectantes.

Pero numerosos negocios se establecen en pequeños locales de zonas populares de las grandes ciudades e instalan equipos con los que rellenan garrafones propios o de competidores, dijeron fuentes de la industria.

El problema más serio son los expendios a granel, que ante la poca vigilancia operan fuera de la norma, por lo que es difícil establecer si este desorden ha producido problemas de salud en grupos de población dado que los malestares intestinales suelen atribuirse a la comida y no al agua.

Las cadenas de autoservicio se han sumado a la informalidad con el manejo de máquinas despachadoras de agua sin contar con las instalaciones de higiene y de seguridad, y al dejar a los clientes la responsabilidad sobre la inocuidad de los garrafones. Las máquinas despachadoras se han vuelto tan populares que la empresa Agua Inmaculada anuncia sus equipos por internet a un precio desde 25,000 pesos y destaca que lo único que se necesita es un espacio donde colocarlos.

Para defender su mercado, la industria formal trata que las autoridades de la Comisión Federal contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) endurezcan la supervisión y acepten un código de autorregulación que diseña la asociación para obligar a los negocios informales a adoptar normas y a operar con equipos y procedimientos avalados.

 

Informalidad

El problema de la informalidad comenzó hace ocho años y hoy la escala es alarmante, dijo Roberto Alencaster, presidente de la Asociación Nacional de Productores y Distribuidores de Agua Purificada (Anpdapac), organismo que agrupa cerca del 60% de la producción formal de agua envasada.

Es muy difícil calcular el tamaño total de la industria, pues hay muchas marcas regionales de las que no hay datos, pero ha crecido de forma sostenida en los últimos cinco o seis años, indicó Pablo López, director de mercadotecnia de Coca-Cola de México. Ni las autoridades de la Secretaría de Salud (SSA), que deben regular esta actividad, pueden evaluar el tamaño real de la industria, agregó Alencaster.

“(El mercado) crece a un dígito en promedio -afirmó López, de Coca-Cola-. Tendería a decir que es más grande que el de refrescos, porque el consumo es cotidiano, de todas las clases sociales y edades y en todos los territorios”.

De acuerdo con la división de agua embotellada de Danone, el mercado mexicano crece en un rango de 15%, dijo la corporación en su más reciente reporte mundial.

El agua envasada en garrafón es el 70% del mercado y crece a tasas del 7%, dice Gabriel Alcalá, director de la Anpdapac, en tanto que la vendida en botella representa el 30% del mercado total pero crece al 11%.

La segmentación llegará más lejos. Coca-Cola, que tiene 22 presentaciones de agua, sumó este año su producto Premium Smart Water y una botella de agua para niños con la marca Ciel Mini, en tanto que su competidor francés lanzó Bonafont Kids. El más dinámico hoy es el segmento de empaques personales, indicó López.

Se espera que la venta de agua embotellada mantenga este año su tendencia al alza, y podría aumentar a doble dígito, según los analistas.

 

Miedo, igual a consumo

 

A este recurso natural ya se le conoce como el “oro azul”, pues cada día se vuelve más escaso. Según especialistas, la gente consume agua embotellada por cuatro razones: miedo al agua del grifo, conveniencia, sabor y estilo de vida. Esas cuatro características se encuentran en el mercado mexicano, que se suman a temas como insalubridad en varias partes del país, que no permite tomar directo de la llave, y escasez del líquido en varias zonas, aún en la capital del país.

Para comprobarlo, un paseo por las calles permite observar cómo, principalmente las mujeres, caminan acompañadas de sus botellas y cada cinco minutos dan un sorbo del envase transparente, que ya es un accesorio.

El hecho de que México sea el primer país con mayor consumo de agua embotellada del mundo, atrajo el interés de BLK, una embotelladora canadiense que produce 96 millones de botellas anuales de agua de manantial negra, energizante y reconstituyente, que debe su color natural, -no artificial ni decorativo- al ácido fúlvico, por la concentración de 77 minerales y electrolitos.

BLK quiere aprovechar el consumo per cápita de agua en México y que lo ha convertido en un país atractivo para la incursión de nuevas marcas de bebidas energéticas, isotónicas, vitaminadas, de manantial y sabores exóticos, con una importación anual de 52 millones de litros. Aunque en volumen el tamaño de la importación de bebidas todavía es pequeño, en valor de mercado alcanza MXN2.000 millones anuales.

Daniel Gorinstein, director Internacional para México y Latinoamérica de BLK, explicó que la bebida se comercializa en dicha nación a MXN30 en City Market, Comercial Mexicana, Liverpool, Palacio de Hierro y GNC, además de clubes deportivos, restaurantes y puntos gourmet.

El periódico mexicano El Universal desvela un dato muy relevante sobre el consumo de agua en el país azteca: el 71% de la población prefiere consumir agua embotellada, a pesar de que suponga un coste un 39% más elevado que si se optara por el agua del grifo. Otras fuentes, como un estudio de Kantar Worldpanel elevan el porcentaje de familias que consumen agua embotellada hasta el 98%. Se escoja una u otra cifra, la realidad es que el consumo de agua embotellada es muy elevado, incrementando los costes y los residuos.

Las familias que beben agua del grifo en México tienen un gasto mensual de 126 pesos (unos 5,7 euros), mientras que los núcleos familiares que recurren al agua embotellada pagan mensualmente unos 175 pesos (más de 8 euros).