Los psicópatas, sádicos y hasta niños asesinos tienen lugar en novelas y cuentos. Historias de grandes autores que indagan en la fascinación y el terror que ejerce el hecho de que los seres humanos se maten entre sí.

PRIMERA PARTE

Infobae La muerte por mano ajena, es decir el asesinato, es un tema favorito de la literatura universal: ya la Biblia casi que empieza por uno, el asesinato de Abel por su hermano Caín. La fascinación y el terror que ejerce el hecho de que los seres humanos se maten entre sí han sido narradas de mil maneras. Hay un género especial dedicado al asesinato: la novela negra o policial. He aquí una lista de diez asesinatos perturbadores:

El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq (2010)

Este escritor francés y misántropo produce en sus novelas visiones apocalípticas y a la vez cómicas de nuestra época; a Houellebecq le rinde como a pocos el negocio de la falta de esperanza. La escena del crimen que inaugura la tercera parte del libro es el peor momento en la vida del inspector Jousselin y hace que dos miembros de la policía científica, acostumbrados a analizar escenas del crimen, se desmayen. Hay dos cabezas, la de un hombre y un perro, y el resto de los cuerpos está repartido en jirones todo a lo largo de la casa, como armando un rompecabezas o una obra de arte. Es algo peor que un descuartizamiento: es la reducción de un cuerpo a sus elementos mínimos. Pero el poder terrible de esta escena no es sólo el deleite con que el narrador describe los restos mortales, sino sobre todo que esos restos son los de (atención, spoiler) … el escritor Michel Houellebecq, un tipo capaz de imaginar que muere de la peor manera. Admirable ejercicio mental.

 

El niño proletario, de Osvaldo Lamborghini (1973) Este escritor maldito de los malditos setenta, de quien César Aira fue amanuense y fan, escribió con fuego clasista y con fuerza procaz historias de violencia y violación. El niño proletario es un relato breve en el que tres chicos burgueses someten y estrangulan a un niño de clase obrera bajo una luna a la que le pone un adjetivo extraño: joyesca (¿de joya o de Joyce?). El cuento remite a El matadero de Esteban Echeverría, donde también hay una muerte de un niño y hay tortura de clase. En Tadeys, novela inconclusa de Lamborghini, hay niños empalados. Otros libros con asesinatos de niños: dos chicos ahorcados por otro chico, llamado nada menos que Little Father Time, en la novela Jude el Oscuro de Thomas Hardy; el asesinato de una niña de auto a auto frente al padre que maneja en Interestatal de Stephen Dixon; y el de American Psycho, que merece un apartado propio.

 

American Psycho, de Bret Easton Ellis (1991) Toda novela sobre asesinos es también una novela sobre la sociedad de su época. Bret Easton Ellis inauguró los años noventa con un retrato enfermizo de un sujeto social típico de los años ochenta: un yuppie. El psicópata americano Patrick Bateman compara obsesivamente sus portatarjetas y su indumentaria con los de sus colegas del mundo financiero, esnifa cocaína y se carga a un homeless, a varias mujeres jóvenes, a un par de policías y a un niño. Usa para ello un hacha, un revólver, cuchillos y veneno para ratas. El asesino como delirante: mientras le da un hachazo en la cara a un colega, Bateman escucha Hip To Be Square, el himno pop de los ochenta de Huey Lewis & the News. En El extranjero de Albert Camus también hay un asesinato porque sí.