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Según los más recientes datos del Banco Mundial, se generan más de dos mil millones de toneladas de desechos sólidos cada año en el mundo y, si no se toman medidas urgentes, al año 2050 podría aumentar a 3,400 millones de toneladas, lo que significa que estaremos viviendo literalmente en medio de la basura.

Ante esto, toma más sentido la iniciativa de la Unesco para concientizarnos sobre el insostenible hábito de usar y tirar, como también, la urgencia de dejar atrás el actual modelo de producción y de gestión de residuos que está acabando con el planeta que todos compartimos.

En la actual crisis mundial por el coronavirus, la economía circular está abriéndose paso con fuerza, ejerciendo un rol destacado para empujar los cambios culturales que se requieren. Hoy más que nunca se ha vuelto esencial aplicar la estrategia de las “nueve R” en que se basa actualmente el modelo de la economía circular -repensar, reducir, reusar, reparar, restaurar o reacondicionar, remanufacturar, reutilizar, reciclar, recuperar-, medidas destinadas a mantener, valorizar los productos y aprovechar los materiales y recursos el máximo tiempo posible.

De una economía lineal a una circular. Era algo que venían repitiendo los expertos desde hace tiempo como única forma de frenar el cambio climático y apostar por una economía más sostenible.

Hoy, muchos gobiernos en el mundo recogen en dos planes una hoja de ruta para alcanzar ese objetivo: en el plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que el G20 presentó para desbloquear los fondos -—que servirán para hacer frente a la crisis del coronavirus—.

 

La economía circular no es sólo reciclar

 

Los datos que maneja la Unión Europea confirman una tasa de circularidad en aumento entre 2004 y 2012, con un incremento que va del 8.2% al 11.1%. No obstante, desde ese año hasta 2017, la cifra se ha mantenido estable, fluctuando ligeramente por encima del 11%. A nivel internacional, sin embargo, se aprecia cierto repliegue: “Actualmente, la economía mundial es un 8.6% circular, cuando hace sólo dos años era un 9.1%”, tal y como indica en su informe de 2020 el Circularity Gap Reporting Initiative.

“Entre las causas para este estancamiento o ligero retroceso se encuentra, sin duda, la vuelta al ‘usar y tirar’ que ha provocado la pandemia”, admite el coordinador del Máster Universitario en Economía Circular de la UPM, investigador y experto en gestión de residuos, José Vicente López.

Desde su punto de vista, “estos datos nos llevan a la conclusión de que se debe fortalecer y reformular la metodología, como apuntan los estudios de la Fundación Ellen MacArthur, organización líder en esta materia”. Por el contrario, la mencionada entidad, sí reconoce avances en algunos sectores y campos concretos, como el de los plásticos.

 

Qué se está haciendo bien

 

Pese a las batallas que quedan por librar, existen numerosos casos notables de economía circular en el mundo. “Es en el sector de los residuos donde los pequeños negocios están emprendiendo con más intensidad”, remarca el investigador de la UPM. “Ya hay empresas que recogen los residuos de la construcción y la demolición para manufacturar bloques de hormigón y otras que hacen algo parecido con la paja y la madera”.

El experto en gestión de residuos matiza que igualmente se hace lo propio con plástico: “Es el caso de CM Plastik Recycling, que recupera este material para fabricar mobiliario”. Existen también compañías en pleno funcionamiento encargadas de asesorar a terceras en materia de economía circular, “como es el caso de Cinderela”, concreta.

La guipuzcoana Eko-rec, por poner otro ejemplo, produce elementos para los vehículos como las bandejas de los maleteros o packaging a partir de residuos de PET (Politereftalato de etileno), el material plástico con el que se fabrican la mayor parte de las botellas de agua y refrescos. O Zicla, una empresa española que recoge residuos de los plásticos de los vehículos o de los aparatos electrónicos para fabricar elementos urbanos como la separación entre el carril bici y la calzada o plataformas para acceder al autobús.

El investigador de la UPM también destaca el proyecto australiano TonerPave, basado en la recogida de cartuchos de impresora de todo los continentes para reciclarlos y hacer carreteras con ellos. “Por cada 12,500 tóners recuperados se construye un kilómetro de vía”.

A nivel internacional hay otro referente muy conocido por todos los usuarios y que está apostando por la economía circular, Ikea. La corporación sueca trabaja en dos direcciones: por un lado, hace grandes esfuerzos en recuperar componentes para la elaboración de muebles y, por otro, utiliza íntegramente energía eléctrica sostenible”, destaca López.

En lo que respecta a electricidad sostenible, la energética Endesa y su matriz Enel también son un buen ejemplo de lo que se está haciendo en economía circular. Como la iniciativa ‘Second Life’, desarrollada en la central de generación térmica de Melilla y que se basa en el agrupamiento de baterías de vehículos eléctricos que ya no se usan para fortalecer la estabilidad de la red eléctrica de esta ciudad autónoma y evitar los apagones. Ha sido seleccionado como un ‘Member Initiative’ por el World Economic Forum de Davos, como parte de la Global Battery Alliance, porque el proyecto ha demostrado ser un “concepto de economía circular en la cadena de valor de las baterías de vehículos eléctricos”.

La compañía eléctrica tiene por objetivo incorporar la economía circular a toda su cadena de valor, utilizando recursos sostenibles, maximizando la vida de bienes y productos y valorizando los activos al final de su ciclo de vida. Y en esta última área trabajan en “valorizar las cenizas generadas en las centrales de carbón”. Fuentes de la compañía explican que “las cenizas, como subproducto de la combustión del carbón se pueden utilizar para sustituir las calizas necesarias a la hora de fabricar cemento y asfalto, reduciendo el uso de materias primas y minimizando el envío de residuos al vertedero”.

Además, son varias las marcas como Camper o Ecoalf que utilizan residuos para fabricar zapatos o ropa y ya existen varias apps como Nice to eat you y Too Good Too Go para poner en contacto a establecimientos que van a tirar comida que no pueden vender al día siguiente con usuarios que pueden adquilirla a un precio económico.

La trazabilidad, clave para ser sostenibles

 

Para el coordinador del Máster Universitario de la UPM “es importante destacar que la economía circular debería ser una noción apolítica” y, sin embargo, existen dos formas de verlo. “Hay una tendencia verde que reclama reducir el consumo para cambiar los hábitos, mientras que la visión ultracapitalista considera que nos encontramos ante la salvación del capitalismo occidental, ya que promueve los beneficios industriales y empresariales, manteniendo las pautas de consumo actuales”.

La trazabilidad del ciclo es otro de las grandes cuestiones a resolver. José Vicente confirma que “muchas empresas no realizan una economía circular a nivel completo, sino que es demasiado parcial”. Precisamente, un buen ejemplo de lo contrario es la “garantía de trazabilidad en el sistema de valorización de residuos de la terminal portuaria en Los Barrios de Endesa. La compañía subraya que “este sistema de gestión evita el depósito de residuos en vertedero y documenta el estricto seguimiento de más del 90% de los residuos desde el centro de producción hasta el destino final”.

José Vicente López concluye que “el gran reto son las pymes y los autónomos” porque “tienen poco personal y escaso músculo financiero”. Y pone un ejemplo muy cercano: los talleres de barrio. Para adaptarse a la electrificación de los coches “tendrán que reconvertirse a nivel técnico y los empleados tendrán que formarse. Todo esto requiere mucha inversión, ayudas y tiempo”.