Por: Mario Martell

Las tres principales fuerzas políticas en la ciudad de Puebla buscarán ganar la “joya de la Corona”. Con el panismo fracturado y con acrobacias políticas, el PAN postuló a la alcaldía a Eduardo Rivera Pérez, exalcalde, el yunquista sobreviviente del tsunami morenovallista. El PRI seleccionó al priista “ciudadano”, Guillermo Deloya Cobián, quien no ha sido candidato en ninguna elección abierta. El expresidente del ICADEP deberá remontar el presagio del tercer lugar en las encuestas de su presidenciable, José Antonio Meade. Por su parte, Morena, lleva como candidata, a Claudia Rivera Vivanco, secretaria de la diversidad sexual del partido izquierdista. En el fondo, más allá del marketing político y de la encuestología, si se revisa el historial político de los candidatos, se trata de una soterrada “guerra ideológica” por la alcaldía de Puebla.

**El Yunque de nuevo por la alcaldía**

Eduardo Rivera Pérez es un panista de viejo cuño. Formado en la Licenciatura en Ciencias Políticas de la UPAEP, universidad de inspiración católica, bajo el discurso anticomunista en la Puebla confrontada ideoló- gicamente del siglo pasado, Rivera conserva el discurso conservador. En marzo de 2009, durante el gobierno del priista de Mario Marín Torres, Eduardo Rivera Pérez, entonces coordinador de los diputados del PAN en el Congreso Local, impulsó una iniciativa de ley denominada “Ley de la Familia”. La iniciativa contaba con el aval de la jerarquía católica y del gobernador priista Marín, quien quería congraciarse con los sectores de la derecha poblana. Marín sufría el descrédito social por haber perseguido y encarcelado a la periodista Lydia Cacho. Rivera Pérez fue uno de los principales detractores de Marín, pero no le importó negociar con Casa Puebla para que saliera adelante su iniciativa de ley.

La Ley de la Familia presentaba una visión conservadora de la familia. No reconocía las familias diversas ni la pluralidad históricas de la constitución de las familias. Además, la iniciativa sancionaba severamente a las mujeres que se practicaran un aborto, cuando la tendencia mundial se dirige a la despenalización de la interrupción del embarazo. Con el apoyo de Casa Puebla, de diputados del PAN y de algunos diputados del PRI, Rivera consiguió que se aprobara el siguiente párrafo: “La vida humana debe ser protegida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, salvo los casos previstos en las leyes”. Rivera, desde el Congreso local, había conseguido uno de los puntos de su agenda ideológica, a pesar de que meses atrás, el panista había encabezado una campaña en contra de Mario Marín Torres por la violación a los derechos humanos de la periodista Lydia Cacho.

Eduardo Rivera Pérez nunca fue del agrado de Rafael Moreno Valle. No nada más el origen político yunquista de Rivera esquilmaba a Moreno Valle, sino que también miraba con desdén las propuestas de gobierno de Rivera Pérez, electo alcalde de la ciudad de Puebla en el 2010, gracias a la oleada de votos morenovallistas que condujeron a la coalición multipartidista Compromiso por Puebla al poder quitar a los priistas. El propósito de Moreno Valle al llegar a Casa Puebla fue doble para conservar su control político: hacer una coalición de facto con los priistas para gobernar y aplastar cualquier brote opositor. Con docilidad los priistas se plegaron a las decisiones del todopoderoso poder ejecutivo en los primeros años del gobierno morenovallista. Sin embargo, la resistencia a las decisiones verticales del gobierno estatal provino del PAN.

Moreno Valle y el panismo ideológico no se entendieron.

El entonces gobernador Moreno Valle hacía evidente su desdén. En el primer grito de independencia de la alcaldía de Rivera Pérez, Rafael Moreno Valle protagonizó el grito y dejó en un segundo plano a Rivera, quien se esforzaba por hacerse notar en la ceremonia icónica del patriotismo local. Por si fuera poco, Moreno Valle se hacía paulatinamente del control del PAN que encabezaban las huestes yunquistas de Rivera. Juan Carlos Mondragón Quintana sostuvo agrios desencuentros con Moreno Valle, hasta que éste logró sacar a los yunquistas del PAN, que durante sus años de oposición, configuró una claro perfil ideológico de derecha católica.

 

**El encono morenovallista**

Perseguido políticamente por el morenovallismo, Rivera Pérez halló refugio en Josefina Vázquez Mota, quien buscaba ganar la gubernatura del Estado de México. En febrero del 2017, la panista Vázquez Mota lo nombró coordinador de su campaña a la gubernatura. Pero su tutora política volvió a correr con mala suerte y en la elección por la gubernatura mexiquense se hundió al tercer lugar. Durante la campaña, el Congreso local de Puebla determinó que Eduardo Rivera Pérez había incurrido en desviaciones de recursos y recibió una inhabilitación para ocupar cargos públicos por doce años. Ante la embestida política, tanto Josefina Vázquez Mota como Margarita Zavala, salieron a la defensa del delfín de la derecha poblana. En esa ocasión, Rivera Pérez acusó a Moreno Valle de querer inhabilitarlo para impedirle que fuera candidato a la gubernatura de Puebla en el 2018. El principal activo político de Rivera Pérez era el haber sido perseguido por Moreno Valle y su credibilidad dependía de su papel inconforme ante el morenovallismo.

Sin embargo, una vez que cedió ante el ex gobernador de Puebla, para alcanzar la candidatura del PAN a la alcaldía de Puebla, Rivera Pérez deberá convencer a sus seguidores de la dosis de “bien común” que encierra la acrobacia política de volverse aliado de su principal detractor. Si Rivera Pérez logra persuadir a sus electores de la bondad de su acrobacia ideológica o si los electores ven en Rivera Pérez a un panista de viejo cuño ligado a una concepción imaginaria de Puebla, quizás pueda remontar la oleada de voto antisistema que podría contagiar favorablemente a la izquierda electoral.

 

**Deloya, inédito en la elección**

Guillermo Deloya Cobián es un misterio en la vía electoral. Es la primera vez que alcanza una candidatura a un cargo de elección popular. Deloya es de la nueva clase de priistas que no quieren parecer priistas, así es también el candidato del PRI a Los Pinos, José Antonio Meade, quien se ruboriza ante la matraca priista por su falta de militancia. Pero en la estrategia del tricolor, los perfiles deslavados o que aparentan ser deslavados, son los que le permitirán remontar el creciente voto anti-PRI. Guillermo Deloya fue secretario particular de Mario Marín Torres en el sexenio antepasado, pero el marinismo lo mantuvo al margen en la repartición de cargos de elección popular por lo que la debacle del PRI en Puebla lo obligó a emigrar a la ciudad de México donde encontró espacios en el PRI nacional mientras el PRI poblano mutaba al satélite del morenovallismo panista. En su página web, Deloya se presenta en los siguientes términos: “Soy militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el que he participado dentro de las filas de las fuerzas juveniles y del Consejero Polí- tico Nacional y Consejero Político Estatal de Puebla. He sido Presidente de la Fundación Colosio, Filial Puebla y Secretario General de la Fundación Colosio Nacional. Durante la campaña presidencial del actual presidente Enrique Peña Nieto, me desempeñé como Coordinador de Política Social, dentro de la misma Fundación Colosio.”

Aunque Guillermo Deloya ha realizado una carrera en el servicio público y en su partido de méritos propios, el apellido Deloya pesa en el imaginario tricolor del siglo pasado. Su padre, el extinto cronista de la ciudad Urbano Deloya, fue un personaje querido en la vieja Puebla del siglo veinte. Pero antes de la experiencia de sus crónicas históricas y de su voz en la radio poblana, Urbano Deloya fue secretario particular del último poblano que llegó a Los Pinos: el Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz. Es decir, que aunque Deloya se presenta como un perfil ciudadano, su herencia ideológica proviene del nacionalismo díazordacista. Basta recordar que entre los amigos del joven Deloya Cobián se encontraba Mario Moya Palencia, quien fungió como secretario de Gobernación de Luis Echeverría Álvarez. Mario Moya Palencia, un ícono de la “Otra guerra secreta” que emprendió el echeverrismo nacionalista contra la inconformidad social. Deloya se ha encontrado en la candidatura del PRI a la alcaldía de Puebla en su principal desafío, pero si remonta los obstáculos (el tercer lugar de Meade y el voto antisistema) su carrera política daría un viraje excepcional.

 

 

**Morena elige a una mujer para la alcaldía**

Morena se decidió- finalmente- por Claudia Rivera Vivanco como candidata a la alcaldía de la ciudad de Puebla. Rivera Vivanco aseguró que, tanto Eduardo Rivera Pérez como Guillermo Deloya Cobián están en desventaja frente a ella, pues no enfrenta acusaciones de corrupción como sus adversarios del PAN y el PRI: “Ellos tienen miedo del perfil al que van a enfrentar, es un escenario desconocido. Porque los dos son personajes secuestrados en un sistema y le pertenecen a un sistema. La ventaja que yo tengo es que soy una ciudadana libre. Eso es lo que queremos los poblanos. La otra desventaja es que su participación política ha sido engañosa, poco transparente y de corrupción”. La abanderada oficial de Morena a la alcaldía señaló que su ventaja “es el perfil ciudadano que yo voy a representar”. Rivera Vivanco consideró que el PAN inició fracturando su precampaña y que Eduardo Rivera Pérez, luego de las acusaciones de corrupción realizadas en su contra por diputados de su partido, no se pudo desmarcar de ellas. Rivera Vivanco podría ser la próxima alcaldesa de la ciudad si aprovecha el impulso al alza del partido de Andrés Manuel López Obrador y vence a sus contrincantes del PRI y del frente PAN-PRD en las próximas elecciones del 1 de julio. La postulación de la secretaria de diversidad sexual de Morena, significa también un respiro para la militancia izquierdista del partido que ha concentrado las candidaturas a diputados federales, senadores y a la gubernatura, en personajes sin raigambre morenista. “¿Por qué Claudia? Fue Claudia porque fue la mejor posicionada. Por eso”, reviró Barbosa, apelando al dogma de la democracia morenista. Rivera Vivanco es uno de los pocos cuadros políticos que ha formado Morena en Puebla y que ha alcanzado un puesto relevante de elección popular. La morenista participó en la movilización en contra de la reforma energética del 14 de diciembre del 2015. Militantes de izquierda cercaron el Congreso de Puebla para evitar que los diputados locales aprobaran la reforma en el estado. Sin embargo, los legisladores, a través de tretas y cruzando por las azoteas de los edificios aledaños al Congreso, lograron ingresar al recinto legislativo para aprobar la reforma privatizadora del petróleo.

** Pero en el fondo si los candidatos a la alcaldía descubren el aparato ideológico que los sostiene, la disputa por la alcaldía llevará también un buen capítulo de la trama histórica de la Puebla clerical de los sesenta.