Por Óscar García Morales

En México, los políticos aseguran que hay cuatro formas de mantenerse en el poder: la primera por eficiencia, la segunda por herencia o parentesco, la tercera por algún tipo de interés y la cuarta -y más grave- por aferrarse a como dé lugar a un determinado cargo público.

Lo anterior, bien podría aplicarse en los tres órdenes de gobierno (municipal, estatal y federal), en todos los partidos, ya sea en la entidad más pujante o en la región más pobre y apartada del país; todo vale la pena, dicen, por estar en la nómina.

Una escándalo más

Hace algunas semanas, un hecho trágico puso –una vez más- al descubierto la red de corrupción y negligencia que prevalece en una de las dependencias más importantes del gobierno de la República, así como la nula capacidad política y operativa de su titular.

El socavón formado en el Paso Exprés de Cuernavaca provocó la muerte de dos personas y la polémica que envuelve al encargado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, son el nuevo “golpe” a la administración encabezada por Enrique Peña Nieto.

Y es que el hundimiento en una obra inaugurada en abril pasado, no sólo evidenció el pésimo trabajo de las empresas autorizadas para la construcción o la mala calidad de los materiales allí utilizados, sino también la negligencia e inacción de las autoridades para rescatar a Juan Mena López y Juan Mena Romero, quienes murieron por asfixia después de que el vehículo donde viajaban quedara sepultado por más de ocho horas.

Soberbia total

Las exigencias para que Ruiz Esparza renunciara o lo separaran del cargo no se hicieron esperar; sin embargo, este funcionario –con anuencia de su jefe- decidió permanecer al frente de la SCT pasara lo que pasara y con la plena seguridad de que no lo requerirá la justicia.

Historias como la de Gerardo Ruiz Esparza suceden a diario a lo largo y ancho del territorio nacional, servidores públicos que no son aptos para desempeñar una tarea mayor en el ámbito gubernamental, individuos que son designados por una sola persona bajo criterios desconocidos para la mayoría de los ciudadanos y que no tienen la obligación de rendirle cuentas a nadie fuera de su esfera de acción.

¿Dejar o remover?

El mantener “a flote” al secretario parece ser una decisión carente de toda lógica por parte del Ejecutivo, sobre todo cuando una de las reglas no escritas de la política dicta que los miembros de un gabinete fungen como una especie de “peones” de ajedrez; esto es, piezas sacrificables sin que se altere un proyecto político.

Además, el rol que ha jugado de la oposición es fundamental para la supervivencia de Ruiz Esparza como director del plan de infraestructura carretera y portuaria de México, pues el PAN y PRD aparte de interponer por separado una denuncia penal contra el citado personaje y lanzar acusaciones mediáticas, no han ejercido la presión necesaria para capitalizar uno de los más grandes errores del sexenio.

Por desgracia, hay una familia que sigue en busca de justicia, continúa con la esperanza de que los responsables de este libramiento mal desarrollado caigan y paguen por esa falla que cobro dos vidas; mientras tanto, en Los Pinos parece no importarles las críticas o los descensos en los niveles de popularidad de Peña, lo que importa es conservar el “hueso” sin que se acabe.

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