VALENTÍA A MEDIAS

Por Óscar García Morales

A quien viene desde muy lejos, se le expulsa; a quien no representa una amenaza real a la seguridad, se le critica; a quien está próximo, se le ignora, y a quien es “enemigo” de los amigos, se le margina. En estas cuatro acciones se podría resumir la política exterior mexicana de los últimos 15 años.

La diplomacia es un trabajo permanente que se hace un país, con la finalidad de estrechar lazos económicos, políticos, sociales y culturales con las demás naciones, pero en ocasiones éstos se ven interrumpidos o suspendidos por diversas causas.

Tibieza y congruencia

México es un caso particular en dicho ámbito, pues sus gobiernos (principalmente después de la posguerra hasta el fin del siglo XX), mantuvieron una postura neutral y quizá hasta “tibia” con respecto a temas cruciales del orden internacional.

Pocos son los casos donde México mantuvo firme alguna decisión, como en el caso de Cuba. Durante el régimen encabezado por Fidel Castro, gran parte del continente americano aisló a esta isla, sin embargo, los priistas jamás rompieron relaciones con el vecino caribeño a pesar de las fuertes presiones de Washington.

Cambio de rumbo

Aunado a esto y bajo el pretexto del respeto a la soberanía de cada país, México se fue rezagando como líder regional, siendo rebasado por otros como Brasil, Argentina y por supuesto, la Venezuela dirigida por el ya fallecido Hugo Chávez Frías.

Con el arribo del PAN a la Presidencia de la República, la política exterior dio un vuelco, por desgracia en sentido negativo, ya que su estrategia y forma de operar se centró, no sólo priorizando el vínculo con los Estados Unidos de América, sino también, sometiéndose por completo a éste.

Los años de la transición pasaron y el PRI regresó al poder en 2012; no obstante, la cercanía con el “imperio” del norte prevalece, a pesar de las declaraciones vertidas por el actual mandatario de este último (Donald Trump) en contra de México, mientras tanto, la Secretaría de Relaciones Exteriores, dependencia encargada del ramo hace mutis en ese frente y ruido en otros.

Ejemplos recientes

Para comprender lo anterior, es necesario analizar los últimos tres posicionamientos diplomáticos del gobierno federal.

El primero de ellos es con Venezuela, que atraviesa por una severa crisis económica que la ha llevado al colapso financiero y si bien son cuestionables las medidas implementadas por la administración de Nicolás Maduro, México, a través del canciller Luis Videgaray, ha criticado temas como su mala democracia o la agitación social, problemas que por igual existen en nuestro territorio y que le restan credibilidad al hablar de ellos.

Otro debate ha surgido a raíz de la expulsión del embajador de Corea del Norte por parte del gobierno federal, debido al rechazo de éste último “a la reciente actividad nuclear” de esa nación asiática. Si bien el uso de este tipo de armamento debe ser condenable en cualquier circunstancia, la duda salta cuando dicha medida secundó al anuncio de sanciones por parte de la unión americana.

El tercer caso se refiere al intento secesionista catalán de España, a lo que México ha expresado tajantemente su no reconocimiento al nuevo Estado y ha respaldado abiertamente a Mariano Rajoy. Un pronunciamiento sobre un hecho global siempre será bienvenido; empero, cuando viene “cargado” o tendencioso (como es el caso) por los antecedentes comerciales y de negocios entre Madrid y México, carece de objetividad

Suficientes adversidades enfrenta México como para sumar otra: el mal desempeño en materia diplomática, la cual es fundamental –entre otras- para proyectar la imagen de un país y no es con expulsiones ni con críticas o ninguneando como llegará a destacar en Latinoamérica.

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