SUEÑO CATALÁN

Por Óscar García Morales

Los ciudadanos de Cataluña nos hemos ganado el derecho a tener un Estado independiente que se constituya en forma de república”, señaló el presidente de la Generalitat (sistema que organiza políticamente a Cataluña), Carles Piugdemont, durante un mensaje con motivo del referéndum del pasado domingo en esa comunidad autónoma.

Este ejercicio democrático, pero ilegal, toda vez que el Tribunal Constitucional de España lo suspendió –dijo- por contravenir la Carta Magna, el Estatuto de Cataluña, así como el Código Penal de ese país, acrecentó las tenciones entre el Govern y el jefe central, Mariano Rajoy.

Más allá de la inadmisible brutalidad e intimidación policiaca en diversos centros de votación a lo largo y ancho de esta comunidad que está integrada por cuatro provincias (Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona) y de lo expresado por los dos bandos, es necesario analizar los costos que traería la independencia catalana.

“Vamos por partes…”

A partir de 2008, España fue severamente golpeada por la crisis inmobiliaria mundial originada en los Estados Unidos, la cual produjo efectos muy graves para toda Europa, tan sólo en la nación ibérica se contabilizaron en 2013, más de 6 millones de personas desempleadas.

Las huellas de este problema global aún se observan en España, por ejemplo, la disminución en la venta de viviendas continúa debido a los bajos salarios y escases crediticia que merman al sector de la construcción; otro, es el déficit ocasionado por el pago de prestaciones sociales (pensiones y jubilaciones) que la obligó en 2010 a implementar una reforma laboral que frenara el colapso financiero.

No le alcanzará

Si Cataluña se establece como república, se enfrentaría a muchos problemas de tipo económico: El primero relacionado con sus ingresos, y es que ésta aporta cerca del 18.9 por ciento del total del Producto Interno Bruto español (equivalente a 211 mil millones de euros).

Empero, de concretarse la independencia, dicha cantidad resultaría insuficiente, ya que los gastos de operación gubernamental (pago de servicios públicos, obras, pensiones, salarios, etcétera) son exorbitantes y deben sostenerse a través de varios mecanismos como las exportaciones, inversiones o adquisición de deuda, que no se materializan al corto plazo.

Cantidad impagable

Segundo: Relacionado con el punto anterior, la deuda que la Generalitat mantiene con el Estado español ronda los 52 mil 499 millones de euros, lo que la convierte en la comunidad autónoma más asfixiada. En caso de que prospere la conformación de Cataluña como nación, iniciaría con la difícil tarea de saldar cuentas con su vecino.

Presión externa

La tercera, es la presión internacional que ejerce principalmente la Unión Europea (UE) al dejar entrever que Cataluña no sería admitida en esta organización, debido a que España es un Estado miembro y junto con sus aliados (Alemania y Francia) podrían vetar su ingreso. Al no pertenecer a la UE, tampoco podría emplear al euro como divisa local.

Queda un sinnúmero de páginas por escribir en esta historia de secesión, por el momento, se encuentra en su punto más álgido y que, por desgracia, traerá una serie de acusaciones y reparto de culpas entre Rajoy y Puigdemont; mientras tanto, la sociedad española se divide: los que desean preservar la unidad y quienes creen en el sueño catalán.

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