SILENCIOS ELECTORALES

Por Óscar García Morales

Jingles o canciones “pegajosas”, frases sin sentido, eslóganes, promesas comunes y uno que otro ataque infundado, son las primeras armas empleadas por los precandidatos presidenciales de las tres coaliciones que van a contender próximo 1 de julio.

Como nunca antes, la clase política contará con los medios y los recursos económicos, humanos y materiales necesarios para desarrollar su respectiva campaña; sin embargo, ni las leyes ni el dinero han hecho que la democracia mexicana se pula, es decir, que mejore notoriamente.

En el papel, la campaña electoral es un periodo en el que los aspirantes a algún cargo público y sus partidos deberían contrastar ideas, promover el voto, difundir propuestas viables, dialogar, debatir y hasta retomar planteamientos de sus adversarios. No es así.

“Sobrediagnosticados”

La corrupción parece ser el tema central de las nacientes precampañas. Todos dicen estar en contra de este problema que lacera cada vez más al país; no obstante, ninguno de ellos ha detallado su estrategia para enfrentarla, mermarla o erradicarla.

Otros aspectos que abordan –en menor grado- son la inseguridad, el desempleo o la crisis económica, en tanto que la educación, salud, pobreza, desigualdad, desnutrición, contaminación, movilidad o política exterior son asuntos –casi- inexistentes en la agenda mediática de cada uno.

Y qué decir de otros como la legalización del aborto, la mariguana, los matrimonios entre personas del mismo sexo o medidas para combatir la discriminación o la promoción de incentivos fiscales para quien emprenda o innove.

Hechos para pelear

Quizá sea mucho pedir a Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y a los independientes que puedan aparecer en la boleta, como Jaime Rodríguez “El Bronco” o Margarita Zavala, porque están formados para atacar y no para exponer, para confrontar y no para consensar, para derrochar y no para administrar.

El silencio en política significa bastante, las pausas u omitir temas relevantes obedece a una “maniobra” dictada por los asesores, dicen, para evadir los asuntos “espinosos” o controversiales que pudieran derivar en una disminución en las encuestas.

Hacer mutis es algo muy frecuente y efectivo para los políticos y abanderados, pues ya encontraron la fórmula para presentarse ante una ciudadanía apática, blanda, tolerante y sin mayores críticas hacia estos.

¿Y los cambios?

Las precampañas se encuentran en su etapa inicial, posteriormente vendrán las intercampañas (del 12 de febrero al 29 de marzo) y más tarde (30 de marzo) dará comienzo la batalla por la silla presidencial hasta su finalización (26 de junio) y por último, el “Día D” que corresponderá a la jornada electoral (1 de julio).

Ingenuos como el que esto escribe, todavía esperan un cambio de rumbo en cada una de las (pre)campañas, ya que México necesita a políticos de altura que dejen la diatriba y se enfoquen a señalar cómo resolverán las adversidades ya mencionadas.

Si estos jingles o eslóganes logran persuadir a miles o millones de votantes, entonces, se confirmará la regla de que el “ruido” distrae al ciudadano, mientras el político calla y hace de las suyas.

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