Pese a que en México en el siglo XIX hubo movimientos propios de producción y métodos caligráficos, fue claro que lo hecho a finales del siglo XVIII por Torcuato Torío de la Riva y Herrero, considerado uno de los mejores calígrafos españoles, dejó una impronta indeleble en la educación mexicana.

Por: Paula Carrizosa

Ejemplo de ello es que la Biblioteca Histórica José María Lafragua – Juan de Palafox y Mendoza 407, Centro Histórico- conserva manuales, ejercicios y libros pertenecientes a la Academia de Educación y Bellas Artes de Puebla, institución creada en 1813 que durante 160 años forjó a los artistas de esta ciudad.

Dicho escritos refieren a la forma y el uso que los responsables de la educación le dieron –entre otros documentos-, al manual de Torío de la Riva, titulado “Arte de escribir por reglas y con muestras según la doctrina de los mejores autores antiguos y modernos, extranjeros y nacionales”, escrito en 1798.

Bajo el nombre de “El arte de escribir en Puebla (siglos XVII- XIX)” y con la curaduría de Laurette Godinas, investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, abrió en la sala de lectura de la biblioteca perteneciente a la Universidad Autónoma de Puebla una exposición que reúne ejemplos de lo importante que era la caligrafía en la educación inicial.

“Al tiempo de sacudir la pluma, sea en el tintero: mucho cuidado y esmero y limpieza al escribir”, era el consejo que se le daban a los infantes en sus primeros años de escuela, ya que la caligrafía fue una de las principales preocupaciones en la formación de las nuevas generaciones.

En dicha muestra que permanecerá en exhibición hasta el 27 de abril, se exhiben algunos ejemplares de los manuales dedicados al aprendizaje del “ductus”, el número y orden de los trazos que conforman las producciones manuscritas.

Asimismo, se incluyen tratados que dan a conocer las instrucciones formales y de contenido, para los responsables de la puesta por escrito de los documentos judiciales, como la Librería de escribanos de José Febrero, publicado por primera vez en 1769. En suma, los ejemplares que se exponen en la Biblioteca Lafragua son algunos notables ejemplos del proceso histórico del arte de escribir en Puebla.

 

Texto publicado originalmente en: La Jornada de Oriente