Previo a la veda de las precampañas electorales para la Presidencia de la República en días pasados se dieron intensos debates, los protagonistas fueron presidentes de partidos y sus voceros, y en un segundo debate, sólo los coordinadores de campaña

 

Llama poderosamente la atención el escaso nivel de los argumentos vertidos en tales debates televisivos organizados por Televisa.

 

El primer debate se dio en el marco del regreso de Joaquín López Dóriga con su programa “Si me dicen no vengo”, entre los presidentes y sus respectivos voceros, del PRI Enrique Ochoa Reza y el senador Javier Lozano Alarcón; del PAN Damián Zepeda y el diputado de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez  y por Morena Yeidckol Polevnsky y el senador Rabindranath Salazar Solorio.

 

Por su parte, el segundo debate se realizó en el programa Despierta de Carlos Loret de Mola, en el que asistieron por Morena, Tatiana Clouthier, por el PAN otra vez Damián Zepeda y por el PRI, Aurelio Nuño.  

 

Estos debates lo único que dejaron entrever es lo que será una guerra de descalificaciones y acusaciones que en poco estimulan la participación de los ciudadanos.

Si bien es cierto que las campañas son contrastes y comparaciones constantes, se está cayendo en el exceso de polarizar a la ciudadanía, en tal magnitud que pasando los comicios del 1 de julio, las diferencias pueden llegar a ser irreconciliables.

 

El ejemplo más claro de esta polarización es la que se dio en la elección de presidente de Estados Unidos, en la que el candidato republicano y hoy presidente Donald Trump, utilizó la división para generar encono, mismo que hoy no ha podido subsanarse y que amenaza seriamente la gobernabilidad de aquel país.

 

En Centroamérica ha habido casos similares como en Guatemala, donde estuvo a punto de llegar a una guerra civil por el nivel de confrontación que hubo en campaña, además de la falta de legalidad de las autoridades electorales.

 

Si a estos dos ejemplos sumamos las Fake News, estamos ante un caldo de cultivo que puede tener un desenlace fatídico con repercusiones políticas, sociales y económicas.

 

El árbitro de la contienda debería incitar a la mesura y convocar a los partidos políticos a elevar la calidad del debate, sobre todo porque las condiciones de gobernabilidad en algunas entidades no están para seguir exacerbando los ánimos.

 

En pocas palabras: El horno no está para bollos.