Al impoluto Ricardo Anaya Cortés, candidato a la Presidencia de la República por la coalición México al Frente, cada día le salen más cosas qué explicar. Desde hace meses, sigue explicando un día sí y otro también los casos de corrupción que le estallan en la cara como mina antipersonal; a lo que él ha respondido, una y otra vez, que son ataques del PRI y que no lo van a parar. Pues parece que el caso “Barreiro” a quien dijo NO conocer -y que después en un video de su boda, vimos que sí-, es parte de una nebulosa de corrupción que el queretano no ha podido explicar y el embrollo que viene a partir de eso, es colosal. En primera, porque la narrativa que el llamado “chico maravilla” ha empleado durante toda su carrera por Los Pinos, es precisamente su ataque frontal contra la corrupción, y al PRI como su punto principal; hoy esa narrativa comienza a menguarse. Cada día se pierde la verosimilitud de su estridente discurso y los hechos en los que está involucrado. No hay un día desde que comenzó el proceso electoral en el que Anaya no haya tenido que dar cuentas de su riqueza descomunal.

Descomunal, lee usted bien, porque es inverosímil que una persona que a su corta edad, cuando el único empleo que ha tenido es estar en el servicio público, ostente la riqueza que descubrimos a diario. Analicemos su trayectoria: Director del Instituto de la Juventud Queretana (Ingreso modesto), Líder de Acción Juvenil (Cargo honorífico), Secretario Particular del ex gobernador Francisco Patrón (Comienzo de su riqueza), Subsecretario de Turismo en el último periodo de gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa (Aquí sí tuvo forma de percibir mayores ingresos), Diputado Federal y presidente del Congreso de la Unión (Cargo de relevancia y con presupuesto a su manejo), Presidente del Partido Acción Nacional. Como puede usted observar sólo tuvo pocos cargos en los que pudo recibir ingresos considerables, pero que de ninguna manera solventarían el estilo de vida que tiene el candidato presidencial. Ya sé que nos ha dicho una y otra vez que la familia de su esposa tiene ingresos económicos de mucho tiempo atrás, antes que él estuviera en la función pública. Pero analicemos fríamente, con sus tres hijos viviendo en Atlanta, en escuelas con colegiaturas muy elevadas, con un ingreso de presidente de partido, que según, transparencia del mismo instituto político, ha de rondar en los 100 mil pesos mensuales, ¿Cómo le hace para invertir en propiedades y ser un prominente empresario inmobiliario? ¿Cómo que no cuadra, a poco no? Mientras tanto a Ricardo Anaya como al nopal, cada día le salen más propiedades y más casos de corrupción y lavado de dinero. Seamos serios ¿Es creíble su discurso de mártir?

Usted tiene la última palabra.