Este fin de semana hubo efervescencia en todos los partidos políticos debido a la ratificación de las candidaturas de Ricardo Anaya Cortés, José Antonio Meade Kuribreña y Andrés Manuel López Obrador. A la sazón de la ratificación de los candidatos presidenciales, también se publicaron las listas de candidatos al Senado de la República por la vía de representación proporcional, mejor conocidos como plurinominales. El gobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado, hizo pública su inconformidad por la decisión unilateral de la dirigencia panista en la designación de los “pluris”, porque considera, al igual que Gustavo Madero, que es una imposición del candidato presidencial. En los hechos, quienes salieron beneficiados con estas posiciones son gente cercana a Anaya, salvo el ex gobernador Rafael Moreno Valle, quien logró colarse en la sexta posición, lo que casi le garantiza un escaño, salvo que exista un mayor número de senadores varones y haya sobre-representación de género, lo que podría dejarlo fuera de la Cámara Alta. Por su parte, en Morena, mejor conocido como el Movimiento de Recolección Nacional, se dieron a conocer sus perfiles para integrar el Senado, destaca en particular el caso de Napoleón Gómez Urrutia, ex líder minero, quien desde 2006 se fue exiliado a Canadá. Este personaje encarna lo más podrido del sindicalismo de nuestro país, quien, junto a Elba Esther Gordillo, aprovecharon su posición para enriquecerse y chantajear políticamente al gobernante en turno.

Vaya cuadros que integran las filas del partido de AMLO, cartuchos quemados, personas impresentables, como los anteriormente mencionados, ex priistas, ex panistas, organizaciones vividoras del sistema como la CNTE, es decir, lo peor que hay en el país. Flaco favor le hacen al tres veces candidato presidencial, con estas alineaciones lo único que confirma es su interés desmedido por ser presidente, “haiga sido como haiga sido”. En el tricolor, las cosas no están para aventar campanas al vuelo, el columnista de El Universal, Salvador García Soto, dejó entrever la eminente salida de Enrique Ochoa Reza de la dirigencia nacional del PRI, entre otras razones por su declaración clasista de “los prietos que no aprietan” y por el poco caso que le hacen sus correligionarios al no considerarlo un dirigente de las bases. Sobra decir que nunca ha ganado un puesto de elección popular, siempre ha sido un funcionario encumbrado en las altas esferas del poder público. De ser cierta esta versión, el relevo de Ochoa se podría dar en dos sentidos, por prelación o por designación del presidente Enrique Peña Nieto. Vaya que el partido del presidente está en serios aprietos, nada más no logra subir en la intención del voto y cada día le tunden más a su candidato. Esta semana es crucial para saber si el PRI está en la intención de competir realmente o va a terminar como en el año 2006 en el tercer lugar de las votaciones, siendo el tonto útil para hacer que el PAN gane la Presidencia. Ya veremos, dijo el ciego.