Pepe Cardozo ya se hizo notar. La noche del sábado, en el Azteca, dispuso sobre el campo un dibujo muy racional, a tono con la situación del equipo. Nada de posesión inocua con líneas adelantadas: mejor un doble escudo defensivo cerca de Campestrini y pelotazos largos para explotar la velocidad de Canelo y Acuña.

Por: Horacio Reiba

Lo primero evitó que la lenta zaga poblana se regalara como tantas veces; lo segundo, aprovechando que el América jugaba lejos de su portería, sirvió para generar huecos que mantuvieron bajo amenaza a Marchesín y sus centrales, que tampoco se distinguen por su rapidez.

El resultado, más allá del 0–0, fue un partido de oportunidades simétricamente distribuidas, pues si Oribe se perdió dos goles cantados por rematar desviado en el área chica, y Campestrini resolvió con valentía algún mano a mano, Marchesín no estuvo inactivo y hasta fue decisivo cuando sacó por encima de su arco cercano frentazo de Acuña, sin olvidar el leñazo de Esparza que rebotó en su larguero o las escapadas en solitario de Canelo, mal rematadas por falta de serenidad y tino al definir.

En resumidas cuentas, el América se dejó en la semana cuatro puntos en botines de la dupla poblano–chiapaneca, luego de perder el martes 2–0 su partido pendiente en el Víctor Manuel Reyna, con lo que Jaguares nivelaba su puntaje al del Puebla.

Y si la franja volvió a sacarle un guarismo al empatar el sábado, abierta quedó la puerta para que, de ganarle al Morelia el felino del sureste jugando de local, su rebase al camote se consumara. Lo cual, al mismo tiempo, nos haría el favor de mantener bien hundido en el sótano al once michoacano.

 

Texto publicado originalmente en: La Jornada de Oriente