GRILLA, GRILLOS Y GRILLADOS

Por Óscar García Morales

La inminente candidatura de José Antonio Meade a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional generó las primeras reacciones a favor y en contra, por lo que este espacio analizará el entorno que rodea al exsecretario de Hacienda y las adversidades que enfrentaría.

Meade Kuribreña fue ungido directamente por Enrique Peña Nieto, una costumbre tan añeja como “normal” que realiza el tricolor cada seis años. Quizá la primera sorpresa no radica en el método, sino en el tipo de personaje que encarna Meade, al ser externo, es decir, no afiliado al PRI.

Los deseos

Al tener dicho status, Los Pinos calculan que el elegido proyectará una imagen positiva, que no resultará tan dañado por las críticas hacia el gobierno federal, su titular y su partido (el PRI), lo que atraerá –dicen- a aquellos votantes que no se identifiquen con la izquierda y por un sector pro- panista, debido a su vínculo con el expresidente Felipe Calderón.

De concretarse la postulación de Meade, éste arrancará con la obligación –inmediata- de desmarcarse de la administración de Peña Nieto y de tener planes o propuestas en materia de combate a la corrupción e impunidad, problemas que aquejan al originario de Atlacomulco.

Vicios de origen

Pero existen otros aspectos que el (cuasi) abanderado priista poco o nada hará para combatirlos durante su campaña y menos, en caso de ganar la elección el próximo 1 de julio: Las alianzas que hará con miembros del PRI, inevitablemente cerrarán compromisos y tal vez, pactos de no agresión, asimismo, la inercia del sistema político mexicano hace casi imposible que un presidente haga cambios de raíz.

Detrás de Meade estarán los pilares del PRI, como la CTM (Confederación de Trabajadores de México), CNC (Confederación Nacional Campesina), la CNOP (Confederación Nacional de Organizaciones Populares) y más, como Antorcha Campesina y el sindicato de Petróleos Mexicanos; todos con un historial opaco y antidemocrático.

Al mismo tiempo, la “cargada” estará conformada por los priistas de viejo cuño, pero también, por los acusados de cometer actos ilícitos como Emilio Gamboa, Luis Videgaray, Eruviel Ávila, Gerardo Ruiz Esparza o Rubén Moreira, sólo por citar algunos.

Candidato “gris”

La segunda sorpresa fue la decisión de Enrique Peña Nieto en pro de un Meade que tiene una amplia preparación académica y trayectoria en el Gobierno de la República desde el sexenio anterior, pero no, con un bagaje político- electoral que lo convierta en una figura cercana a la gente.

Si el PRI quiere conservar el poder, tendrá que emprender una labor titánica para que Meade convenza a ese 58 por ciento de los ciudadanos que, según la encuesta elaborada por la firma Buendía y Laredo y publicada hace unos días en el diario El Universal, tienen una mala opinión hacia ese instituto político.

Encender los ánimos en una plaza pública, captar la atención de la gente en un debate, protagonizar spots con mensajes emotivos, ganar la agenda mediática con titulares atractivos y lo principal, convencer a por lo menos 17 millones de mexicanos para que sufraguen por él en 2018, son las tareas que tiene José Antonio Meade; de lo contrario, sería un fracaso tan grande como el que tuvo Francisco Labastida en el año 2000.

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