El gobierno mexicano y la cúpula empresarial accedieron a elevar el salario mínimo a partir del 1 de diciembre, de 80.04 a 88.36 pesos (unos 4.70 dólares) al día. El aumento de 10% favorece a 24.7 millones de trabajadores que perciben uno o dos salarios mínimos por día.

Pero también hace resurgir una queja clave de los trabajadores estadounidenses que votaron por el ahora presidente Donald Trump: Sus críticas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por permitir que las fuentes de empleo en Estados Unidos cayeran.

La mano de obra barata han atraído a las firmas de la Unión Americana a México desde hace décadas. Robert Scott, del Instituto de Política Económica, estima que cerca de 800,000 empleos de su país se trasladaron a México entre 1997 y 2003. El TLCAN entró en vigor en 1994.

Con el salario mínimo nacional en Estados Unidos a 7.25 dólares (136.51 pesos, aproximadamente) por hora —58 dólares (1,092.14 pesos) por ocho horas de trabajo, o 12 veces mayor al salario mínimo de México—, México tiene una clara ventaja para atraer a los empleadores.

Esta es una razón por la que México tiene una tasa baja de desempleo, que actualmente es de 3.6%. En comparación, el desempleo en Estados Unidos es de 4.1% y se considera muy baja para los estándares del país.

De hecho, uno de los objetivos de la administración de Trump es renegociar el TLCAN para tener más vigilancia sobre los sueldos mínimos en América del Norte, a pesar de que el problema prevalece más en México.

Para los trabajadores mexicanos, esta alza de salarios es muy necesaria, ya que el alza de precios ha erosionado el poder adquisitivo por casi dos años y el peso tocó hace poco su mínimo histórico ante el dólar.

Texto publicado originalmente por:Expansión