Una “autopista de la cocaína hacia Estados Unidos y Europa”

Según expertos, en los últimos años, Ecuador ha sufrido un cambio de paradigma: ya no estamos hablando de un país “de tránsito” de la droga, sino de uno en el que se almacena, se procesa y se distribuye

“Pasa de un país de tránsito a un país de acopio y de plataformas internacionales de distribución, y da un salto más, a un país procesador”: 

 Coronel Mario Pazmiño, exdirector de inteligencia militar y ahora analista en seguridad y defensa

BBC

Así definió el portal especializado InsightCrime a Ecuador, apuntando al hecho de que más de un tercio de la creciente producción de cocaína en Colombia llega a Ecuador y desde los puertos ecuatorianos sale rumbo principalmente a EE.UU. y Europa.

Washington acaba de incluir a Ecuador en su lista de países con mayor tráfico o producción de drogas.

Según expertos, en los últimos años ha sufrido un cambio de paradigma: ya no estamos hablando de un país “de tránsito” de la droga, sino de uno en el que se almacena, se procesa y se distribuye.

“El paradigma que teníamos hasta hace 10 años, que era básicamente un país de tránsito, ya cambió. Ya no lo somos”, le dice a BBC Mundo el periodista Arturo Torres, quien se ha dedicado a investigar el tema del narcotráfico en la nación andina.

“El país ha ido dando diferentes saltos. Pasa de un país de tránsito a un país de acopio y de plataformas internacionales de distribución, y da un salto más, a un país procesador”, coincide el coronel Mario Pazmiño, exdirector de inteligencia militar y ahora analista en seguridad y defensa.

Ese cambio de paradigma se nota en la mayor cantidad de droga —principalmente cocaína— decomisada, en el cada vez más habitual descubrimiento de laboratorios, pero también en el aumento de la violencia.

Esta última es particularmente visible en las cárceles.

Apenas a finales de septiembre se registró la peor masacre en la historia carcelaria de Ecuador: un enfrentamiento entre bandas rivales en el Centro de Privación de Libertad Número 1 en Guayaquil dejó 119 fallecidos y 81 heridos.

Esas bandas están ligadas con el narcotráfico, y se disputan el control territorial tanto dentro como fuera de la cárcel.

Más decomisos

“El tema del tráfico de drogas siempre ha estado ahí”, le dice a BBC Mundo el general Giovanni Ponce, jefe de Antinarcóticos de la Policía de Ecuador.

“En Colombia se producen más o menos 1.200 toneladas de droga al año. De ellas, alrededor de 450 en los departamentos de Nariño y Putumayo, que son fronterizos con Ecuador. Y de esas 450, alrededor de un 50% ingresaría por nuestra frontera, unas 200-250 toneladas”.

El aumento de la producción de cocaína en Colombia ha llevado a cifras récord de incautación, también en Ecuador.

El incremento de las aprehensiones de droga en territorio ecuatoriano se registra desde 2018.

De hecho, “es el país de Sudamérica no productor de cocaína que más droga incauta”, dice Renato Rivera, investigador de la Red Latinoamericana de Análisis de Seguridad y Delincuencia Organizada (Relasedor).

Según cifras de la Policía Antinarcóticos ecuatoriana, en 2019 se decomisaron 79 toneladas de droga; en 2020, 128; y hasta el 6 de octubre del 2021 se habían decomisado 136 toneladas. La proyección de las autoridades es que al cierre de este año se aprehendan alrededor de 170.

“El 70% de esa droga es cocaína lo cual ya da un contexto de la importancia de ese mercado en Ecuador”, señala Rivera.

Los expertos consultados por BBC Mundo señalan varios factores que explican cómo Ecuador escaló desde ese país de tránsito a tener un mayor protagonismo en las redes de narcotráfico de América Latina.

“Efecto globo”

 

La fumigación y erradicación de cultivos ilícitos llevadas a cabo por las autoridades colombianas tuvieron como resultado una “transfronterización” de los mismos, sobre todo a partir de los primeros años 2000.

Es lo que se conoce como “efecto globo”, según el cual cuando se reprime la producción de drogas en una región, esta aumenta en otras.

Por ese efecto, “las acciones gubernamentales contra el narcotráfico en Colombia obligaron a trasladar gran parte de la infraestructura del crimen organizado hacia otros países, como Venezuela, desde donde sale cerca del 50% de la droga de Colombia, Ecuador por donde sale el 37.5% y Brasil, por donde sale cerca del 12.5%”, explica el coronel Pazmiño.

Dos rutas del narcotráfico atraviesan Ecuador desde Colombia.

Una es la del Pacífico, donde la droga ingresa por la provincia de Esmeraldas hasta los puertos del país, principalmente en las provincias de Manabí y Guayas.

Y la otra la ruta amazónica, a través de la cual la droga ingresa por Sucumbíos y se dirige a Brasil y otros países de la región.

“Ese tipo de acciones lo único que han hecho es trasladar una parte de ese holding delictivo hacia otros países con mejores características para que el negocio pueda seguir floreciendo”.

En 2017 Naciones Unidas alertó de que el 35% de los cultivos ilícitos estaban a menos de 10 kilómetros de la frontera con Ecuador.

Renato Rivera, resalta que cada vez se hallan más cultivos de hoja de coca en el lado ecuatoriano de la frontera, en las provincias de Esmeraldas y Sucumbíos.

“Las organizaciones criminales a veces aprovechan los vacíos legales en la delimitación del límite político que entre Ecuador y Colombia para sembrar cultivos”, dice”.

“También hay una especie de cultivos mixtos, en los que la palma africana, que se siembra mucho en la zona de Esmeraldas y de Sucumbíos, se mezcla con la hoja de coca”.

Sin embargo, para el general Pazmiño el papel de Ecuador en términos de cultivo “no es relevante” si se compara con lo que se produce del lado colombiano.

“La mayoría del cultivo se realiza en Colombia. Aquí hay unas pequeñas cantidades, pero son mínimas, yo diría irrisorias, con relación a lo que se produce en el lado colombiano”.

Desde Antinarcóticos coinciden: “Los cultivos acá realmente no existen, somos un país de tránsito y acopio de drogas”.

Pero lo que sí ha aumentado en Ecuador es el número de laboratorios de procesamiento, sobre todo cercanos a los enclaves productivos de cocaína del sur de Colombia, Nariño y Putumayo.

“Allá (en Colombia) se cultiva y se comienza a macerar esa droga. Posteriormente se lo pasa a los laboratorios y cristalizaderos que están ya en territorio ecuatoriano y luego a los centros de acopio y las plataformas internacionales de distribución para la salida al exterior”, explica Pazmiño.

Según cifras dadas a BBC Mundo por la policía, en lo que va del año se han detectado cuatro laboratorios cristalizaderos en las provincias fronterizas de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, donde la pasta de cocaína se refina para transformarla en clorhidrato de cocaína.

Todo este contexto atrae a carteles y grupos delincuenciales extranjeros, una tendencia que se vio reforzada por otros hechos tanto internos como externos.

Cierre de la base de Manta

 

Mientras se da todo este desplazamiento de ese “holding delictivo” se produce un hecho que para algunos analistas es fundamental: el desmantelamiento de la base militar estadounidense en Manta, en la costa ecuatoriana, en 2009.

Desde dicha base se rastreaban aeronaves utilizadas por narcotraficantes.

Su cierre fue una promesa electoral de Rafael Correa, quien, una vez en la presidencia, anunció que no se renovaría el contrato para su utilización, argumentando que la base violaba la soberanía de Ecuador.

La prohibición de la presencia de bases extranjeras en el país fue incluida en la nueva Constitución aprobada en 2008.

Como resultado de su cierre, según InsightCrime, “la cooperación antinarcóticos con los países de oferta y demanda entre los que se encuentra Ecuador se redujo al mínimo”.

“Fue un punto importante de inflexión a partir del cual se permitió la penetración casi total del crimen organizado transnacional“, dice Pazmiño.

“Es fundamental, porque ejercía un control de las narcoavionetas que ingresaban al espacio aéreo ecuatoriano y también hacía un control sobre las lanchas rápidas que salían a abastecer a las embarcaciones en alta mar”.

El general Ponce es claro al respecto: “Se tomaron decisiones equivocadas y creo que nos está pasando la factura”.

“Con el tiempo esas decisiones han permitido que las organizaciones (delictivas) hayan ido fortaleciéndose, agrega.

Sin embargo, para Renato Rivera esa decisión tuvo una “connotación mucho más política, al estar vinculada a las relaciones con EE.UU., que de impacto en la seguridad interna o en el combate al narcotráfico que se hace desde el Estado”

“La base de Manta tenía un rol de avanzada. Se hacía un monitoreo de vigilancia aérea. Pero tras su cierre no hubo un impacto en términos de aumento de homicidios ni en la caída de la cantidad de droga incautada”, agrega.