Unicef / Exclusivas Puebla

 

Un nuevo informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que 25 países de todas las regiones asignaron mayores partidas presupuestales al servicio de la deuda que a la educación, la salud y la protección social juntas en 2019.

El documento, divulgado este jueves, explica que ya antes de la pandemia esos países (uno de cada ocho aproximadamente) se encontraban abrumados por la pobreza y su población infantil ya padecía grandes privaciones y falta de perspectivas de un futuro mejor.

La directora ejecutiva de Unicef señaló que los niños de las naciones con deudas grandes y recursos limitados para los programas sociales carecen de posibilidades para salir de la pobreza y dejar atrás las privaciones.

“Los costos personales y públicos son enormes, y llevan a que los niños, sus comunidades y sus países tengan muy pocas esperanzas de lograr un desarrollo económico y social sostenible”, dijo Henrietta Fore.

Chad, Gambia, Haití y Sudán del Sur son algunos de los países con mayores pagos por servicio de deuda y gastaban al menos tres dólares diarios por cada dólar destinado a los servicios sociales básicos.

Países de renta baja y media

 

Pero el problema no es exclusivo de esas 25 naciones. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado el riesgo de una crisis de deuda para países de renta baja y media que ha ido en aumento desde la crisis financiera mundial de 2008, y los datos del Fondo Monetario Internacional muestran que una cuarta parte de ellos, hogar de 200 millones de niños, actualmente ya está endeudado o tiene un alto riesgo de endeudamiento.

Como respuesta a la emergencia económica derivada de la pandemia, los países del G20 acordaron una iniciativa de suspensión del servicio de deuda para el periodo de abril de 2020 a junio de 2021, pero hasta el momento sólo participa la tercera parte de los países que reúnen las condiciones para beneficiarse del programa, es decir, 46 naciones.

 

Catástrofe educativa

 

Uno de los grandes desastres acarreados por la pandemia del coronavirus se observa en el sector de la educación, cuyo gasto recortado aunado a las necesidades apremiantes y la falta de recursos de las familias, han colocado a millones de estudiantes de todas las edades en riesgo de abandono escolar y trabajo y matrimonio infantil.

UNICEF ha advertido en repetidas ocasiones que el mundo se enfrenta al peligro de perder toda una generación, lo que, además del impacto negativo en cada niño o joven, implicaría un freno al desarrollo nacional de cada país y sumiría a una mayor población en la pobreza.

“La pandemia ha provocado una catástrofe educativa mundial que es necesario abordar desesperadamente para evitar que la generación del COVID-19 se convierta en una generación perdida. Sin embargo, debido a la emergencia y a la carga de la deuda a la que se enfrentan los países, ya estamos viendo una contracción de los presupuestos para la educación en un momento en que los países necesitan invertir en la mejora de las escuelas y en los sistemas educativos”, afirmó Fore.

Según el informe, los países endeudados también han recortado el gasto en sectores como la protección de la infancia, la nutrición y los servicios de agua, saneamiento e higiene.

 

Una nueva arquitectura de deuda

 

De cara a este panorama, UNICEF insta a diseñar una reestructuración de la arquitectura de deuda internacional, que englobe las necesidades de los países de ingresos bajos y medios para proteger los derechos de los niños tras la crisis del COVID-19.

El Fondo de la ONU abunda que dicha reestructuración debería incluir un mayor apoyo y condiciones favorables para los países pobres más endeudados, al igual que mayor transparencia sobre la deuda como parte de los planes presupuestarios nacionales. También aboga por una acción coordinada por parte de los acreedores para convertir la deuda en inversiones que beneficien a los niños.

“El alivio y la reestructuración integrales de la deuda son esenciales para garantizar una recuperación inclusiva y sostenible, de modo que los niños no tengan que soportar la doble carga de la reducción de los servicios sociales ahora y el aumento de la deuda en el futuro”, recalcó Fore, y agregó que es fundamental que los organismos internacionales, los acreedores y los gobiernos nacionales actúen juntos para reducir la carga de la deuda y dirigir los ahorros hacia inversiones sociales que incluyan a todos.

 

América Latina

 

El estudio de UNICEF indica que mientras que los países pobres por ahora están cubiertos por la suspensión del servicio de deuda, los países de ingresos medianos han seguido pagando al menos un tercio de su deuda externa durante el curso de la pandemia. Como reflejo, el servicio de la deuda como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) es más alto en los países de América Latina y el Caribe, seguido de los países de Oriente Medio y Asia Central.

Los países de América Latina y el Caribe pagan en promedio más de 1,5 veces por servicio de la deuda en relación con el PIB que en los países de África subsahariana.

Costo social de la reestructuración de deuda en Ecuador

 

A las deudas nacionales, en muchos países se añade el endeudamiento privado de empresas y familias, aumentando el peligro de una debacle. Ecuador es uno de los países en esa situación.

En marzo de 2020, el Congreso ecuatoriano solicitó al gobierno suspender el pago de la deuda para asignar esos recursos a la respuesta a la pandemia. Consecuentemente, Ecuador pidió en abril del mismo año cuatro meses de aplazamiento de 800 millones de dólares en pago de intereses y expresó su intención de reestructurar la deuda.

Pese a lograr una reducción en el servicio de la deuda a corto plazo, las condiciones impuestas incluían metas de consolidación del gasto público que resultaron en recortes de gastos por 4000 millones de dólares y una reducción de la jornada laboral y los salarios de los empleados del gobierno.

Las oficinas en Ecuador de UNICEF, además, han reportado recortes en el presupuesto de los servicios infantiles durante el COVID-19 en todos los sectores: nutrición, protección social salud y educación.

 

El costo financiero de la deuda en México

 

México paga un alto costo financiero de la deuda, respecto a la capacidad de recaudación y el crecimiento económico. El pago de intereses y servicio de la deuda ha crecido a una tasa de 6.6%, como promedio anual, en los últimos 10 años, mientras el crecimiento económico promedio ha sido de 1.78% y el crecimiento de los ingresos públicos de 2.4%.

Además, el presupuesto que se destina al costo de la deuda pública crece más rápido que el presupuesto que se destina para ofrecer bienes y servicios públicos. El aumento sostenido del costo financiero de la deuda obedece al continuo déficit público, altas tasas de interés y la depreciación del tipo de cambio en los últimos años.

Con la llegada de la Covid-19, así como sus repercusiones económicas y sanitarias, se estima una pérdida de ingresos por 317 mil 775 mdp. Mientras que el pago de intereses y servicio de la deuda puede crecer 5% respecto a 2019, ascendiendo a 727 mil 700 mdp (SHCP 2020b).

El costo financiero de la deuda se compone de los intereses, comisiones y gastos1 de la deuda pública, así como de los recursos que se destinan al saneamiento del sistema financiero (SHCP 2020a). En promedio en los últimos 10 años, 94% del costo financiero ha sido para el pago de intereses, 5% para el saneamiento financiero2, y 1% por ciento para pagar las comisiones derivadas del uso de financiamiento.

Los intereses que se deben pagar por la deuda del gobierno federal representan, en promedio, 76% del costo financiero de la deuda. De los cuales, 82% se pagan en moneda nacional, y el restante 18% se salda en dólares, principalmente. Mientras los intereses de Pemex representan, en promedio, 15% del costo de la deuda, y los intereses de CFE, 3%.

Durante los últimos 10 años, los intereses que pagan las empresas productivas del Estado, se saldan principalmente en dólares, en promedio, 77% de los intereses que pagan anualmente.

En los últimos 10 años, el pago del costo de la deuda ha crecido más que el presupuesto que se destina a inversiones físicas y programas públicos. Mientras el pago de intereses y servicio de la deuda ha crecido a una tasa promedio de 6.6% anual, el gasto programable creció a una tasa de 1.1%, y la inversión física ha caído a una tasa promedio de -5.2% anual, durante el mismo periodo.

El pago de intereses y servicio de la deuda crece más rápido que los ingresos que se generan en la economía. En la última década, la economía mexicana ha crecido a una tasa promedio de 1.8% anual, y los ingresos públicos han crecido a una tasa de 2.4%, en el mismo periodo. Mientras el pago del costo de la deuda ha crecido 3.6 veces más que la economía y 2.7 veces más que los ingresos públicos.