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El objetivo de los demócratas de llevar rápidamente a juicio político al presidente Donald Trump ha ganado apoyo, y un alto republicano dijo que el papel del mandatario saliente en el asalto al Capitolio por parte de sus simpatizantes era digno de reproche.

El senador Pat Toomey pidió el domingo la renuncia de Trump, afirmando que es lo mejor para el país tras el motín protagonizado por partidarios suyos en el Capitolio.

Toomey es el segundo senador republicano que ha pedido la renuncia de Trump, después que lo hizo la senadora de Alaska Lisa Murkowski .

Toomey habló en el programa “State of the Union” de CNN y el “Meet the Press” de NBC. Toomey, republicano por Pensilvania, dijo el sábado que Trump ha cometido “delitos que se pueden procesar”.

El jefe de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, Jim Clyburn, afirmó que la votación sobre un nuevo “impeachment” a Trump podría ocurrir esta misma semana, pero que la entrega de los cargos al Senado podría ser aplazada hasta que sean confirmados los miembros del gabinete del Presidente entrante Joe Biden.

“Es posible que sea martes o miércoles pero creo que será esta semana”, afirmó el demócrata de Carolina del Sur.

Añadió que le preocupa la posibilidad de que un proceso contra Trump le quite tiempo a la misión de confirmar a los secretarios de Biden.

El líder del Senado, el republicano Mitch McConnell, ha declarado que un proceso contra Trump no será antes del 20 de enero, el mismo día en que Biden entrará como nuevo presidente.

Clyburn, en declaraciones al programa “State of the Union” de CNN, denunció que McConnell “está tratando de estropear el proceso” pero que la presidenta de la cámara baja Nancy Pelosi decidirá cuándo designar a los directivos del juicio y enviar los cargos al Senado.

Clyburn dice que una posibilidad será “darle a Biden “100 días para que su gobierno arranque con fuerza y posiblemente enviaremos los cargos después de eso”.El sábado por la noche, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, envió una carta a sus colegas demócratas reiterando que Trump debe rendir cuentas, pero no llegó a pedir una votación para un juicio político. Aún así, pidió a su grupo parlamentario estar “preparados para regresar a Washington esta semana”.

“Es absolutamente esencial que los que perpetraron el ataque a nuestra democracia rindan cuentas”, escribió Pelosi. “Debe haber un reconocimiento de que esta profanación fue instigada por el Presidente”.

Pelosi dijo que los demócratas de la Cámara Baja “continuarán con las reuniones con miembros y expertos constitucionales y otros”.

El nuevo esfuerzo demócrata para sellar el récord presidencial de Trump con la marca indeleble del juicio político, por segunda vez y días antes de que termine su mandato, ganó más seguidores el sábado. David Cicilline, legislador demócrata por Rhode Island y líder del esfuerzo de la cámara baja para redactar los artículos de juicio político —aquellos cargos que acusarían a Trump de incitar a la insurrección_, dijo que su grupo ya tiene 185 copatrocinadores.

Los legisladores planean presentar formalmente la propuesta el lunes en la cámara baja, donde deben originarse los artículos de juicio político. Si los demócratas deciden seguir adelante, la votación podría ser posible el miércoles, exactamente una semana antes de que el demócrata Joe Biden se convierta en presidente el 20 de enero.

Los artículos, si son aprobados por la Cámara de Representantes, podrían luego transmitirse al Senado para un juicio, y los senadores actuarían como jurados que, en última instancia, votarían sobre la absolución o condena de Trump. Si es declarado culpable, Trump sería destituido de su cargo y reemplazado por el vicepresidente.

Si la Cámara Baja decide presentar un juicio político, lo más pronto que el Senado podría comenzar un juicio político según el calendario actual sería el 20 de enero.

BIDEN PROMETE 

 

Joe Biden prometió que su presidencia significaría un regreso a la normalidad. Las personas que eligió para integrar su gabinete ayudan a demostrar cómo planea cumplir.

El presidente electo de Estados Unidos anunció sus nominados finales hace unos días, completando un equipo diverso de dos docenas de personas. El viernes señaló que éste será el “primer gabinete de la historia” en alcanzar la paridad de género e incluir a una mayoría de personas de color, lo que es notable debido a preocupaciones iniciales de que se estaba inclinando más hacia hombres blancos.

Algunos nominados tienen décadas de experiencia en sus respectivas agencias. Muchos tuvieron roles prominentes en la administración de Barack Obama. Muchos ya han comenzado a reunirse con grupos de interés y organizaciones defensoras, y durante meses el equipo de transición de Biden ha tenido lo que se ha descrito como una “política de puertas abiertas” hacia los grupos defensores.

Es un marcado contraste con el gabinete del presidente Donald Trump, que estaba dominado en gran parte por hombres blancos con poca experiencia en Washington. Los colaboradores de Biden dicen que ese fue uno de los objetivos que se propuso al completar su gabinete: señalar que su presidencia significa regresar a un gobierno de liderazgo competente y estable.

Eso es especialmente importante, dicen los demócratas, mientras la pandemia y la agitación económica hacen estragos y el país atraviesa las secuelas de la violenta insurrección de la semana pasada en el Capitolio.

“Joe Biden asumirá el cargo en las circunstancias más desafiantes en un siglo”, dijo Dan Pfeiffer, exasesor de Obama. “No hay tiempo para capacitarse para el puesto. Biden necesita personas que puedan ocuparse de inmediato porque lo que suceda en los primeros seis meses de su presidencia probablemente determinará la trayectoria de los cuatro años”.

Es poco probable que el gabinete esté listo cuando Biden asuma la presidencia el 20 de enero. El Senado, que debe confirmar a los nominados, no ha programado audiencias para muchos de ellos. Se espera que Lloyd Austin, nominado para Defensa, comparezca ante la Comisión de Servicios Armados del Senado el 19 de enero.

 

Biden presidirá un país en crisis que parcialmente no lo reconoce

 

En caso de que Trump logre ganar el pulso por el alma del Partido Republicano o de que opte por montar tienda aparte conservando el favor de sus numerosos seguidores, el nuevo gobierno de Joe Biden deberá enfrentar el grave desafío de gobernar sobre un territorio en el cual una parte importante de la población no le reconoce su autoridad ni su legitimidad.

La consultora Eurasia Group hizo referencia a esta situación cuando recientemente presentó como el principal riesgo geopolítico de 2021 el hecho de que Biden inaugurará la era de la “presidencia asterisco”, caracterizada por el hecho de que el ocupante de la Casa Blanca no será reconocido por la mitad de los ciudadanos.

“Mientras una parte significativa de los votantes de Trump le sigan siendo leales, él proyectará una larga sombra, impulsando a los líderes republicanos a apoyarle para evitar perder el respaldo de sus bases. Para ellos, Biden será #Noesmipresidente y lo considerarán ilegítimo”, apunta Eurasia en su análisis.

Esta situación sería de por sí bastante difícil en tiempos normales pero luce aún más grave en momentos en los cuales Estados Unidos atraviesa una grave crisis sanitaria y económica que requiere no solamente del trabajo conjunto de los dos principales partidos políticos sino de la colaboración activa de los ciudadanos.

Al final de cuentas, dos componentes centrales de la estrategia contra la pandemia del coronavirus son el uso de mascarillas y la vacunación masiva y voluntaria de los ciudadanos, dos cuestiones sobre las cuales no queda claro que el gobierno de Biden podrá contar con el apoyo de una parte importante de las bases más fieles de Trump.

 

Escenarios posibles

 

Tras el asalto a la sede del Legislativo que este miércoles realizaron miles de seguidores del presidente Donald Trump, esas escenas dejaron de ser una fantasía para convertirse en el símbolo más evidente de la severa crisis política en la que se encuentra inmerso el país que durante décadas ha presumido de ser un “faro de libertad” y la democracia más consolidada del mundo.

El sacudón ha sido tan grande que ha logrado hacer coincidir a los principales dirigentes de los dos grandes partidos -Republicano y Demócrata- en su condena unánime a estos hechos violentos; una verdadera novedad luego de cuatro años de constantes desacuerdos fraguados al calor de la polarización política.

Esa brecha estaba llegando a niveles inusitados luego de la decisión de Trump de cuestionar sin aportar pruebas los resultados de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre -en las que resultó vencedor Joe Biden-, una labor en la que contó con el apoyo tácito de gran parte de la dirigencia republicana que durante semanas evitó reconocer el triunfo del candidato demócrata.

 

La victoria de Biden fue certificada este jueves por el Congreso

 

Pero ahora, luego de que miles de seguidores de Trump asaltaron el Congreso atendiendo al llamado del mandatario a “detener el robo de las elecciones”, Estados Unidos se encuentra sumido en una crisis que no parece que logrará solucionarse con una simple condena a la violencia.

Esto es así, en especial, debido a que la raíz original de este acontecimiento sigue inalterada: Trump sigue sosteniendo que hubo fraude en las elecciones y sus seguidores le siguen creyendo.

La crisis actual tiene profundas implicaciones para el Partido Republicano, bajo el liderazgo de Trump desde 2016.

Durante la campaña para las primarias presidenciales de entonces, Trump era cuestionado y rechazado por una parte importante del liderazgo tradicional de ese partido.

Sin embargo, tras convertirse en presidente y, además, en el líder con mayor arrastre popular en ese partido, Trump logró que quienes antes se le oponían se convirtieran en sus aliados, aunque sólo fuera para garantizar su supervivencia política.

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