Con ventas de hasta 60 por ciento menos, solo de empresas que deben comprobar sus gastos y algunos automovilistas que evitan la gasolina contaminada, sobreviven las gasolineras ubicadas en los municipios de mayor incidencia de robo de combustible, explicó la presidenta de Gasolineros Unidos de los Estados de Puebla y Tlaxcala (GUEPT), Luz María Jiménez Almazán.

Por: Belén Cancino

La representante de los empresarios gasolineros reconoció que las estaciones de servicio en Acajete, Acatzingo, Esperanza, Palmar de Bravo, Quecholac, San Salvador El Seco y Tepeaca, y otras localidades de la zona conocida como “Triángulo Rojo” están prácticamente desiertas porque sus clientes son contados, pues ya casi nadie compra gasolina en ellas.

“Las ventas han caído drásticamente, hasta 60 por ciento porque la venta ilegal ya está fuera de control, son cantidades mínimas en comparación con lo que antes se comercializaba”, señaló.

Sus clientes, estimó, son menos de la mitad que observaban en el pasado, lo que se ha reflejado en una severa disminución de sus operaciones.

Explicó al respecto que quienes sí acuden a las gasolineras, son los conductores de las empresas que están obligadas a comprobar sus gastos de consumo de combustibles y que por tal razón, no recurren a la compra de gasolina en el mercado ilegal.

Sin embargo, añadió, incluso las compañías han procurado contraer sus gastos por este concepto, “porque algunas incluso han reducido su personal, sus vehículos y sus viajes”, completó.

Otro sector, añadió, son algunos automovilistas conscientes de los problemas que puede causar a sus vehículos el uso de gasolina impura, “alguien que no quiere arriesgar su unidad”, continuó.

En consecuencia, reveló la presidenta de GUEPT, las gasolineras de la zona operan con pérdidas, pues sus ventas ya no alcanzan ni siquiera para cubrir sus gastos de operación, tales como sueldos, servicio de energía eléctrica y créditos adquiridos con Petróleos Mexicanos (Pemex) y otras instituciones.

Y explicó que aunque para muchos empresarios las gasolineras ya no son negocio, no pueden cerrarlas porque tendrían que cumplir con las disposiciones como la remediación del suelo y confinamiento de tanques y equipo, que les costarían entre 3 y 5 millones de pesos.

“Ya ni siquiera es opción cerrar porque tendrían que pagar una millonada, por eso están aguantando”, remató Jiménez Almazán.

 

 

Con información de: El Occidental OEM