En los anales de Tlatelolco aparece la primera descripción de un terremoto en México, situado en 1455.

Por: Oscar Cota

La capital del mundo Azteca, Tenochtitlan, fue construida sobre chinampas, islotes de piedra, tierra y cañas, ya que la ciudad fue edificada en medio de un enorme lago que los prehispánicos aprovecharon para crear canales y alimentar los cultivos que crecían encima de las mencionadas chinampas.

En uno de los anales de Tlatelolco se puede encontrar la descripción de un terremoto ocurrido en el año 1455, que se presume fue tan fuerte como el de 1985, dejando la estructura de la ciudad hecha un desastre.

La descripción de los anales de Tlatelolco concuerda en gran medida con uno de los videos mas famosos grabado el 19 de septiembre del 2017, en dónde se puede observar uno de los canales del lago de Xochimilco, con olas creadas por el movimiento, y las chinampas junto con los árboles tambaleándose de forma abrupta, además de escucharse la voz de turistas gritando “Oh my God”.

Virginia García, antropóloga, historiadora, estudiosa de los desastres naturales y coautora del libro ‘La historia de los sismos en México’ nos recuerda que: “[Los prehispánicos] fueron los sismos que menos pudimos documentar porque no hay información escrita. La información que tenemos, que es muy bella pero no es muy rica, viene de los códices; también los escritos de frailes, soldados o cronistas que registraban, entre otras cosas, los temblores de la época prehispánica o la colonia temprana”.

Pero una de las crónicas más completas de lo sismos en el antiguo México fue hecha por Bernardino de Sahagún, misionero franciscano considerado el máximo investigador de todo lo que atañe a la cultura nahua: “Cuando tiembla la tierra, rociaban con agua todas sus alhajas, tomando el agua en la boca y soplándola sobre ellas, y también por los postes y umbrales de las puertas y de la casa; decían que si no hacían esto, que el temblor llevaría aquellas casas consigo; y los que no hacían esto eran reprendidos por los otros; y luego que comenzaba a temblar la tierra comenzaban a dar gritos; dándose con las manos en las bocas, para que todos advirtiesen que temblaba la tierra. Luego tomaban a sus niños con ambas manos, por las sienes, y los levantaban en alto; decían que si no hacían aquello que no crecerían y que los llevaría el temblor consigo”.

Con gritos mientras se pegaban en la boca con las manos, con rituales que incluían agua y alhajas, con códices escritos en papel amate, papel de maguey o tiras de piel , los antiguos habitantes de la región vivían de. Esta forma los temblores .

Para representarlos de forma gráfica usaban dos glifos, el glifo que expresaba la temporalidad y el glifo temblor de tierra.

El glifo temblor de tierra se forma con el glifo ollin que significa movimiento y el glifo tlalli, que significa tierra. El primero de ellos se representa con un círculo alrededor del cual aparecen cuatro aspas de colores que dan idea de movimiento. De esta manera, talli asociado a ollin, forman tlalollin, que significa movimiento de la tierra: terremoto.

Los mexicas suponían que el sol y otros cuerpos celestes caminaban bajo la tierra conforme se hacía de día o de noche. Es por esto que explicaban que un temblor no era más que un tropiezo terrestre, un tropiezo de la tierra con el sol, cuando el astro se escondía por el horizonte.

Pero la vida y los pensamientos de los antiguos habitantes de México cambió de forma drástica cuando los españoles arribaron y conquistaron sus tierras, la religión ya estaba muy presente en vida la cotidiana de las comunidades, y las reacciones de los habitantes de la Nueva España pasaron de gritos y escupitajos a arrodillamientos y rezos: “Entonces había que calmar la ira divina de alguna manera y una de las maneras era organizando rezos, procesiones, misas, las famosas rogativas“.

También en ese tiempo los sismos se medían con rezos, decían: el temblor duró un credo, el temblor duró dos salmos o el temblor duró un salmo rezado con devoción, eso quería decir que duró mucho más”, dice la investigadora Virginia García .

Todo los desastres naturales eran entendidos como un castigo ejemplar que la ira divina enviaba a los humanos pecadores, que provocaba miedo, un miedo institucionalizado por la iglesia y frases como:“¡Jesucristo Señor! Por estos perversos cristianos haces esto”; “Hémoslo atribuido a nuestros pecados”, eran muy utilizadas , además de organizar misas, oraciones públicas y actos piadosos.

Aunque apenas llevamos un centenar de años midiendo cuantitativamente los sismos, la riqueza de los registros históricos nos demuestra que no es un tema nuevo, solo cambia la forma de sobrellevarlos y comunicarnos.

Y es así como un 19 de septiembre la tierra retumbó, y los habitantes oraron a sus dioses en el mismo lugar en donde justamente hace 700 años sus antepasados lo hacían .