Una de las ventajas geográfico-estratégicas de Puebla, como estado y como ciudad, es su mediación entre la capital mexicana y el puerto de Veracruz, ensanwichándonos a quienes vivimos en lugares de la Sierra Madre Oriental, como Córdoba y Orizaba.

Una más, primordial: su oferta de culturización y diversión, con medio centenar de museos en casonas coloniales restauradas a su esplendor casi original, su amplia oferta gastronómica, su moderna y atractiva Angelópolis, mpio de Atlixco, satélite de la ciudad de los Ángeles, con sus centros comerciales y su “Estrella”, la rueda de observación más alta de latinoamérica; el “tendedero”, como lo llaman allá o Teleférico y el majestuoso guggenheimesco -por su diseño estilizada-la-Guggenheimer– Museo del Barroco.

Están además sus Fuertes, desde donde se doblegó a los franceses, el Paseo de San Francisco con el Parque-paseo de la Purificadora y su hotel cinco veces estrellado, el centro comercial con cines y restaurantes y lavaderos de los de “endenantes”, y desde luego sus espléndidas iglesias y capillas.

Formalmente Heroica Puebla de Zaragozaes capital estatal, una de las cinco ciudades coloniales más importantes de México, planificada en la era de la Colonia, fundada oficialmente en 1531 (en el área conocida como Cuetlaxcoapan, o “donde las serpientes cambian de piel”, enmedio de dos de los asentamientos indígenas principales de su tiempo, TlaxcalayCholula.

Los edificios magníficos cuya arquitectura va del Barroco al Barroco Mexicano, al Colonial, que las autoridades culturales han restaurado a su esplendor original, albergando ahora museos y exposiciones dignas de visitar (aunque no en todas, ni en muchas, permitan fotografiar), son admirables y visitables. El Museo de los Hnos Serdán, mis (ejem!) antepasados, son buen ejemplo de ello.

Debido a su historia y estilos arquitectónicos que van de Renacimiento al Barroco Mexicano, la ciudad es nombrada Herencia de la Humanidad en 1987. También parte de su personalidad lo debe a su famoso mole -de costo elevado: platillo de mole con pieza de pollo y arroz, hasta $150–, los chiles en nogada ($225) y la cerámica de Talavera ($$$), aunque su economía se base más en la industria, en lo que mucho tiene qué ver las armadoras Volkswagen, la mayor fuera de Alemania, y Audi. Antes que Mr. Trump les imponga impuestos que ya se inventará.

Como la cuarta ciudad más grande, y el área Metropolitana mayor en el país, el último censo arroja la cifra de 3,000,123 habitantes, de amplia población flotante constituida por estudiantes de toda la nación por sus colegios renombrados como la Ibero, BUAP, UDLAP, UPAEP, Tecnológico de Monterrey, y otros.

Puebla, con re-adquirida dinámica cultural, la bondad de su clima y amabilidad de su gente, es un sitio quizá ya no tanto para vivir, por su tráfico vehicular tipo CDMX y contaminación consecuente -aparte del costo exorbitante del servicio de taxis: dejada mínima, $40, a la Angelópolis, de $80 a $100, según el pájaro, y por la noche hasta $150–, pero sí para visitar, gozar, y atesorar en la memoria emocional. Está muy cerca, hágase el favor visitándola.

 

Texto publicado originalmente en: El Mundo de Cordoba